Una sirena varada en el Congreso
Opinión | GATO ADOPTIVO
Ferran Boiza
Director adjunto de EL PERIÓDICO
Director adjunto de EL PERIÓDICO
Licenciado en Ciencias de la Información por la Universitat Autònoma de Barcelona, lleva más de tres décadas cubriendo información política en medios de Barcelona y Madrid como Europa Press, La Vanguardia y El Mundo, donde trabajó 26 años y fue Jefe de Nacional. En 2023 se incorporó a Prensa Ibérica, donde ha sido Director de EL PERIÓDICO DE ESPAÑA hasta su nombramiento como Director Adjunto de EL PERIÓDICO.
El presidente del Gobierno, saliendo del hemiciclo del Congreso. / Jesús Hellín / Europa Press
Es difícil ponerse en la piel del Gobierno para entender los dos mensajes lanzados en las últimas horas a través de sus habituales portavoces mediáticos: que confía en no tener sobresaltos en el último pleno del Congreso antes del verano, previsto para hoy, y que cree haber llegado al descanso estival habiendo empatado con el PP por las revelaciones del caso Montoro. Si siguiéramos la metáfora marinera que Pedro Sánchez utilizó en el Comité Federal de principios de julio -“Vosotros me elegisteis como capitán de este barco, y el capitán no se desentiende cuando viene mala mar. Se queda a capear el temporal, a salvar el rumbo y a ganar el puerto”, aseguró-, podríamos evocar aquella ‘Sirena varada’ de Enrique Bunbury que simboliza lo que significa quedar atrapado en una situación límite.
El barco del Ejecutivo no se ha hundido, efectivamente, pero al igual que la sirena varada en la arena de Bunbury, apenas boquea para no morir asfixiado ante la imposibilidad de alcanzar de nuevo el agua por la falta de apoyos y los escándalos que lo cercan. En el pleno de este martes, cierto, el Gobierno salvará los muebles, pero no porque haya conseguido recoser la mayoría parlamentaria de la investidura, sino porque ha decidido no llevar al orden del día cuatro leyes de calado que se había comprometido a impulsar en la recta final del periodo de sesiones. Ni la propuesta para regularizar inmigrantes ni la ley de movilidad sostenible ni la reducción de la jornada laboral ni la ley de Justicia para reformar el acceso a la carrera judicial y fiscal se someterán a votación ante la imposibilidad de ser aprobadas por la ausencia de una mayoría en el Congreso que acompañe al Ejecutivo. Ni siquiera está claro que pueda convalidarse el decreto eléctrico impulsado tras el apagón por la negativa dePodemos y las dudas de otros socios.
Así las cosas, el Gobierno transmutado en sirena varada en el Congreso se tiene que resignar a mantenerse en el poder a duras penas, soslayando que gobernar es servir a los ciudadanos, no resistir por el mero hecho de hacerlo.
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