¿Es necesario enseñar lenguas originarias en la educación boliviana?
Cada vez es más común escuchar frases como “¿para qué aprender una lengua originaria si no la voy a usar?” o “deberían quitar la lengua originaria”. Estas ideas circulan en conversaciones cotidianas, en redes sociales e incluso en espacios educativos, reflejando una duda real sobre el valor de estos idiomas en la formación de las y los estudiantes. Esta situación no solo plantea una discusión educativa, sino también una reflexión sobre identidad, cultura y realidad social.
Detrás de estas posturas existen experiencias distintas, en muchos contextos el uso del castellano predomina en la vida diaria, lo que lleva a pensar que aprender una lengua originaria no tiene una utilidad práctica inmediata. Sin embargo, en otros espacios, estas lenguas forman parte esencial de la comunicación y de la vida comunitaria, lo que demuestra que su valor no es el mismo en todos los contextos, pero sí significativo en la construcción cultural del país.
Desde el campo educativo, el lenguaje cumple un papel fundamental en el desarrollo del pensamiento. Lev Vygotsky sostiene que el lenguaje es una herramienta que permite organizar ideas, comprender el entorno y construir conocimiento (Vygotsky, 1979). En este sentido, aprender más de un idioma no solo amplía la capacidad de comunicación, sino que también fortalece el desarrollo cognitivo y cultural de las y los estudiantes.
En el marco normativo boliviano, la Ley de la Educación N.º 070 Avelino Siñani-Elizardo Pérez establece que la educación debe ser intracultural, intercultural y plurilingüe, promoviendo el uso y fortalecimiento de las lenguas originarias como parte del proceso formativo (Ministerio de Educación, 2010). Asimismo, el Modelo Educativo Sociocomunitario Productivo plantea la revalorización de los saberes y conocimientos de los pueblos, incluyendo sus idiomas como elementos fundamentales de la identidad (Ministerio de Educación, 2014). Estas disposiciones responden a una necesidad histórica de reconocer la diversidad cultural del país.
No obstante, en la práctica existen dificultades que no se pueden ignorar. En algunos casos, la enseñanza de las lenguas originarias se realiza de manera poco contextualizada, lo que genera desinterés en las y los estudiantes. Además, muchas familias no perciben su utilidad inmediata, especialmente cuando no forma parte de su entorno cotidiano. Esto provoca que el aprendizaje sea visto como una obligación y no como una oportunidad de desarrollo.
Frente a esta realidad, el debate no debería centrarse en eliminar o imponer el aprendizaje de estas lenguas, sino en mejorar la forma en que se enseñan. Es necesario que el proceso educativo sea significativo, que responda al contexto de las y los estudiantes y que permita comprender el valor cultural y social de estos idiomas. Cuando el aprendizaje tiene sentido, su importancia deja de ser cuestionada.
En ese marco, enseñar lenguas originarias no es únicamente una decisión educativa, sino una forma de preservar la diversidad cultural y fortalecer la identidad de un país. Su valor no radica solo en el uso inmediato, sino en lo que representan para la historia, la cultura y la formación integral de las y los estudiantes dentro de una sociedad diversa.
Ministerio de Educación. (2010). Ley Nº 070 Avelino Siñani-Elizardo Pérez. La Paz, Bolivia.
Ministerio de Educación. (2014). Modelo Educativo Sociocomunitario Productivo. La Paz, Bolivia.
UNICEF. (2016). Lengua, cultura y educación en contextos interculturales. La Paz, Bolivia.
Vygotsky, L. S. (1979). El desarrollo de los procesos psicológicos superiores. Barcelona: Crítica.
