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¿Por qué mujeres como la viceministra tienen miedo de tener hijos?

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11.03.2026

Las declaraciones de la viceministra de Igualdad de Oportunidades, Durby Blanco, en el marco del Día Internacional de la Mujer sacudieron el debate público en el siempre encendido ring de las redes sociales. Como suele ocurrir cuando se habla de maternidad, muchas interpretaciones se movieron entre la defensa y la crítica. Sin embargo, detrás de la polémica surge una  pregunta necesaria: ¿por qué hay miedo en las mujeres a tener hijos?  En la respuesta hay una verdad incómoda: la crianza sigue recayendo casi totalmente en las mujeres.

Esa realidad explica, en parte, el temor que la propia viceministra expresó al hablar de su decisión de no tener hijos en esta etapa de su vida. No se trata necesariamente de una desvalorización de la maternidad. Se trata de reconocer que tener hijos implica para muchas mujeres asumir una carga desproporcionada de responsabilidades domésticas, de cuidado y de tiempo.

La experiencia diaria lo demuestran: cuando nace un hijo, la vida profesional de los hombres rara vez se detiene. En cambio, para muchas mujeres significa pausas laborales, renuncias profesionales o la necesidad de reorganizar completamente su proyecto de vida o como dijo la viceministra "no quería perder años en casa haciendo un trabajo que no permita realizar mis sueños".

Por eso, más que escandalizarnos por las declaraciones de la viceministra, tal vez deberíamos detenernos en el problema de fondo. Si hoy todavía existe el miedo de que la maternidad implique renunciar a sueños personales o profesionales, es porque la sociedad no ha construido todavía una verdadera corresponsabilidad en la crianza. Ni en las familias, ni en las empresas, ni en el propio Estado.

La maternidad es una experiencia profundamente valiosa para millones de mujeres. Pero precisamente por su importancia, debe ser también una decisión libre y responsable. Elegir ser madre no es un acto egoísta ni un mandato social, al contrario es una elección que debería darse cuando existen las condiciones personales, económicas y emocionales para asumirla.

El defender que la maternidad se elige no es un ataque a las madres, es una forma de reconocer que traer un hijo al mundo implica una enorme responsabilidad y que esa responsabilidad debe ser compartida por toda la sociedad.

Quizás el verdadero desafío no sea discutir si una mujer decide o no tener hijos. El desafío es construir una sociedad donde ninguna mujer sienta que para ser madre debe renunciar a sus sueños.


© El País