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Sanción social

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04.01.2026

Hoy decimos que no confiamos en los políticos. Que los partidos no sirven. Que el Congreso no representa a nadie. Pero hay una verdad más dura que evitamos mirar: tampoco confiamos entre nosotros. Y una sociedad que no confía en sí misma deja de funcionar.

La ley no se rompe primero en el Capitolio. Se rompe en la calle. Se rompe cuando alguien se pasa un semáforo en rojo y nadie dice nada. Cuando una moto se sube al andén y esquiva peatones como si fueran obstáculos de un videojuego. Cuando invade el carril contrario, acelera, pita, amenaza… y todos miramos........

© El Nuevo Día