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Patriotismo político, la exigencia soslayada

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07.09.2026

Chile es más vasto que las ideas estrechas que hoy pretenden capturarlo. Su tierra, su pueblo y su historia contienen posibilidades que ninguna trinchera alcanza a representar.

El Foro Madrid ocupa hoy la escena. También existe el Foro de São Paulo. Si en el primero participan sectores de extrema derecha, el segundo reúne fuerzas de extrema izquierda, incluido el bolivarianismo. Sus contenidos difieren, pero comparten formas: ambos invocan la democracia, mientras algunas de sus corrientes convierten la política en guerra entre puros y réprobos.

El fanatismo comienza cuando una idea deja de iluminar la realidad y pretende sustituirla. Entonces ya no se observa el país: se lo fuerza a comparecer ante un tribunal doctrinario. El adversario deja de ser un conciudadano con quien se discrepa y se vuelve un obstáculo moral a ser vencido.

En parte de la derecha, la “batalla cultural” se ha vuelto consigna. Da vergüenza ajena. ¿Han leído sus propagandistas a Marx o a Gramsci? La versión hoy en boga debe mucho más de lo que admite a la estrategia gramsciana de la hegemonía. Pero el problema principal no es genealógico. Está en su supuesto: una nación no es un campo de batalla permanente. La política contiene conflicto, pero también cooperación, lealtades compartidas y acuerdos fundamentales. Sin ellos, Chile no se fortalece: se desgarra.

Tras aquella consigna conviven sensatez y disparate. Seguridad, desarrollo y respeto son fines justos. Sin embargo, la primera se confunde a veces con abuso, espectáculo o incompetencia; el segundo, con un economicismo neoclásico indiferente a la productividad, la invención, la ciencia y la tecnología. La patria queda reducida a banderas y chapitas. Se declama su nombre........

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