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El general mira a su alrededor

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26.09.2026

La reinstalación, celebrada con un desfile militar y sin ninguna instancia donde el desacuerdo pudiera expresarse, reproduce el patrón que originó el problema: una decisión tomada desde arriba sobre un símbolo que la ciudadanía disputó desde abajo.

Cinco años después de su retiro, el general Baquedano volvió a presidir la plaza que muchos insistieron en llamar plaza “Dignidad”, mientras otros defendían su nombre oficial, y con eso quedó cerrada en lo administrativo una discusión que en lo político sigue abierta.

La estatua llegó en marzo, permaneció oculta tras muros durante seis meses y recién la semana pasada, en la antesala de la Parada Militar, quedó completamente a la vista, cubierta con un material antigrafiti que promete protegerla del deterioro que sufrió entre 2019 y 2021. Se blindó la superficie del símbolo antes de blindar su sentido.

Hay buenas razones para valorar ese retorno, y conviene tomarlas en serio. Un país necesita anclajes físicos que sobrevivan a sus coyunturas, y una plaza con un plinto vacío durante cinco años también comunica algo, casi siempre una fractura sin resolver expuesta a la intemperie. Devolver la estatua puede leerse como una señal de que el espacio público no queda como rehén permanente de la........

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