Colombia se inunda y se seca: el costo de no gobernar el agua
Colombia tiene en sus manos el 6 % de la oferta hídrica del planeta, según el IDEAM. Pero esa cifra es un espejismo: en el campo, la abundancia no se traduce en bienestar, sino en una suerte de lotería climática. El agua sigue siendo un factor de azar: o falta cuando la tierra se cuartea por la sequía, o sobra sin control, llevándose por delante cultivos, suelos y la esperanza de los productores. Esta paradoja —tenerlo todo y no aprovechar nada— es el mayor lastre del desarrollo agropecuario y la prueba reina de que nunca hemos construido una gobernanza del agua con visión de futuro.
Mientras otros vecinos dejaron de improvisar, Colombia sigue atrapada en el diagnóstico. Perú, por ejemplo, logró con el Proyecto Olmos lo que parecía imposible: convertir 40.000 hectáreas de desierto en un motor exportador de alta tecnología. No fue un milagro, fue una apuesta de Estado. Brasil hizo lo propio integrando riego, ciencia y planeación, blindando su liderazgo agrícola incluso frente a las crisis climáticas. En nuestro país, el panorama es otro. Aquí el agua se despacha como un asunto ambiental........
