La digresión
Preclaro debía definir con toda precisión el concepto de «digresión», ese era su propósito, ni imposible ni sobrenatural. Descartó por igual las doctas explicaciones de los “sabios” de la Real Academia y la estúpida jeringonza de eso que llaman inteligencia artificial, y se lanzó a la calle a dar un paseo, a estirar las piernas, como quien dice, tal y como se solía hacer en la sabia antigüedad, para que las musas iluminaran el discernimiento del caminante.
La digresión, sí, ese era su propósito, su camino, no debía apartarse de él, pues la certidumbre de que la obra literaria no remite directamente a la realidad social ha llevado a los críticos modernos a concentrarse en el examen, análisis y definición de todas las potenciales mediaciones entre el texto y la sociedad.
El proceso de producción de sentido —pensó— se desarrolla entre las estructuras de........
