En México, el miedo sigue siendo mayoría
México no es hoy un país en calma. Es un país donde el miedo sigue siendo mayoría. Así lo confirma la más reciente Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana (ENSU) del INEGI: en marzo de 2026, 61.5% de la población urbana considera inseguro vivir en su ciudad .
A primera vista, podría parecer que hay una ligera mejora respecto a diciembre de 2025. Pero ese no es el punto. El dato de fondo es otro: México se mantiene atrapado en niveles altos de inseguridad. No estamos mejor, estamos estancados. Y ese estancamiento, cuando se trata de seguridad, también es una forma de fracaso.
La ENSU no mide sólo delitos. Mide cómo vive la gente. Y lo que revela es preocupante: la inseguridad no es una percepción aislada, es una experiencia cotidiana. Siete de cada diez personas se sienten inseguras en los cajeros automáticos, más de seis en las calles y en el transporte público. Es decir, el miedo no está en los márgenes, está en la vida diaria.
Pero hay un dato aún más grave: la falta de esperanza. Más de la mitad de la población considera que la inseguridad seguirá igual de mal, o incluso empeorará, en los próximos meses. Esto significa que el problema ya no es sólo la violencia, sino la resignación. Cuando la gente deja de creer que las cosas pueden mejorar, el Estado deja de ser percibido como solución.
La inseguridad, además, ya modificó la forma de vivir. Casi la mitad de las personas evita portar objetos de valor, cuatro de cada diez han dejado de caminar de noche y muchas familias han cambiado la forma en que sus hijos salen a la calle. En los hechos, esto significa una pérdida silenciosa de libertad. No se necesita una ley que la limite; basta con el miedo.
Y mientras eso ocurre, la confianza en las autoridades se mantiene débil. Sólo una tercera parte de la población considera que su gobierno es efectivo para resolver los problemas más importantes. Esto no es sólo un dato de opinión pública: es una señal de desgaste institucional.
La ENSU también revela algo que no debe pasar desapercibido: la inseguridad no es el único problema. Las fallas en servicios básicos, como el agua potable, siguen siendo una de las principales preocupaciones urbanas. Esto confirma una idea cada vez más evidente: el problema no es sólo la violencia, es la incapacidad del gobierno para resolver lo esencial.
Desde el PAN hemos señalado que la seguridad debe medirse en resultados, no en discursos. No basta con presentar cifras o justificar tendencias. La gente no evalúa la seguridad en reportes oficiales, la evalúa en su vida diaria.
México no puede acostumbrarse a vivir así. No podemos normalizar que el miedo sea parte de la rutina. No podemos aceptar que la inseguridad se convierta en una condición permanente.
El dato de la ENSU es claro: el miedo sigue siendo mayoría. Y mientras eso no cambie, no habrá narrativa oficial que alcance para convencer a la gente de que estamos mejor.
POR MIGUEL ÁNGEL MONRAZ
