Menos China, más México: la nueva ecuación industrial del calzado
En los últimos meses, el mercado mexicano del calzado y los textiles ha comenzado a experimentar un ajuste que, más allá de su dimensión comercial, refleja un viraje estratégico en la política económica del país. La caída de 62% en las importaciones de calzado chino durante el primer bimestre de 2026 -al pasar de 151.6 a 57.8 millones de dólares- no es un fenómeno aislado, sino la expresión concreta de una política industrial más activa, orientada a recuperar capacidades productivas internas y reducir vulnerabilidades externas.
Este comportamiento adquiere mayor relevancia cuando se analiza en paralelo con el descenso de 26% en textiles y manufacturas provenientes de China, así como la contracción de 41% en prendas de punto. No obstante, el dato más revelador no es únicamente la caída en importaciones, sino la transformación en la estructura de estas, ya que, mientras el producto terminado disminuye, las partes de calzado crecieron 104%, lo que sugiere un proceso de relocalización productiva donde México comienza a ensamblar y agregar valor localmente.
Lo que acompaña a este fenómeno, es que detrás de esta reconfiguración se encuentra una combinación de instrumentos de política económica que responden tanto a factores internos como externos. En el ámbito doméstico, por ejemplo, la suspensión de importaciones temporales bajo el programa IMMEX en agosto de 2025 marcó un punto de inflexión. La detección de prácticas irregulares -productos que ingresaban con fines de exportación, pero terminaban en el mercado interno- evidenció distorsiones que afectaban directamente a la industria nacional. A ello se sumaron cuotas compensatorias de hasta 22.50 dólares por par y aranceles de entre 25% y 35% para países sin tratado comercial, medidas que impactaron de manera inmediata en la competitividad del calzado chino. Acciones que ayudaron a establecer un orden en medio del caos.
Sin embargo, reducir este fenómeno a una política proteccionista sería una simplificación. Porque, lo que está en juego es una redefinición del papel de México en las cadenas globales de valor. Durante décadas, el país operó bajo un modelo de apertura que privilegiaba la eficiencia en costos, aun a costa de debilitar sectores intensivos en mano de obra. Hoy, frente a un entorno internacional marcado por tensiones comerciales, disrupciones logísticas y rivalidades geopolíticas, los países han comenzado a reconsiderar ese enfoque.
En este contexto, México parece alinearse con una tendencia global: el retorno de la política industrial. El impulso de una bolsa de financiamiento de 120 mil millones de pesos para fortalecer a cerca de 50 mil empresas del sector textil y del calzado, junto con iniciativas como el catálogo “Hecho en México”, apunta a reconstruir capacidades productivas internas y generar encadenamientos más robustos de las cadenas de producción en el país que mucha falta hacían a la cada vez más agónica industria del calzado en México.
El caso de León, Guanajuato, es ilustrativo. La compra de más de 42 millones de pares de zapatos nacionales por parte de Grupo Coppel -equivalente a cerca del 20% de la producción formal- no solo refleja una reacción del mercado, sino también la reactivación de una cadena productiva que sostiene a más de 100 mil familias.
En términos de seguridad económica, este dato es crucial, porque entender que la dependencia excesiva de importaciones baratas no solo afecta la balanza comercial, sino que erosiona el tejido social y productivo del país es un elemento sustancial que se debe fortalecer en todos los ámbitos de convivencia del país.
No obstante, el componente geopolítico introduce una capa adicional de complejidad que debe dimensionarse adecuadamente. La reducción de la presencia asiática en sectores estratégicos no puede entenderse sin considerar la presión ejercida por Estados Unidos en el marco de la revisión del T-MEC. En este sentido, la relación comercial con China se ha convertido en un tema sensible, donde México se ve obligado a equilibrar su autonomía económica con los compromisos derivados de su integración con Norteamérica.
Paradójicamente, esta estrategia de sustitución de importaciones enfrenta una contradicción estructural pues muchas de las inversiones necesarias para fortalecer la producción local provienen de empresas del gigante asiático. Esto plantea un dilema estratégico: ¿cómo reducir la dependencia comercial sin cerrar la puerta a la inversión que podría justamente facilitar esa transición?
La respuesta podría provenir desde una visión prospectiva, en donde es probable que México continúe profundizando este modelo híbrido: mayor protección selectiva en sectores sensibles, acompañada de incentivos para la relocalización productiva bajo esquemas de nearshoring. En este rubro, la tendencia observada en el calzado y los textiles podría replicarse en industrias como la electrónica, autopartes o manufactura ligera.
Sin embargo, el éxito de esta estrategia dependerá de su capacidad para trascender el corto plazo. Esto debido a que, como se sabe, la política industrial no puede limitarse únicamente a los aranceles y restricciones; pues requiere de inversión sostenida en tecnología, capacitación laboral y acceso a financiamiento competitivo. De lo contrario, el riesgo es sustituir una dependencia externa por una estructura interna poco eficiente que termine transformándose en un problema mayor que el existente.
En suma, la caída del calzado chino en el mercado mexicano no es solo un ajuste comercial, sino el síntoma de un cambio más profundo en la forma en que el país concibe su inserción en la economía global. Entre la presión geopolítica, la necesidad de fortalecer su base productiva y la oportunidad del nearshoring, México se encuentra en un punto de inflexión. La pregunta no es si debe intervenir en su economía, sino cómo hacerlo sin comprometer su competitividad de largo plazo.
Las respuestas a dichos cuestionamientos son esenciales para definir el curso de la economía mexicana en el mundo y la presencia geopolítica del país en el entorno internacional que cada vez más se caracteriza por cambios abruptos y convulsiones estrepitosas.
POR LUIS MIGUEL MARTÍNEZ
