Los costos de la mañanera
Las mañaneras son veneno para la presidenta Claudia Sheinbaum. Su equipo, tramposo, mentiroso, incompetente, o simplemente ignorante, le da insumos cuya efectividad dura horas. Más días que menos, la jornada de la presidenta arranca disparando misiles contra medios y periodistas y termina en la noche metida en el búnker por el búmeran en que se convierten sus declaraciones, o tiempo después, enfrentando el desmentido de la realidad.
La mañanera le funcionó a su mentor Andrés Manuel López Obrador por su personalidad y oficio, y porque el entorno político y económico en el que gobernó fue favorable para sus propósitos. Pero no es el caso de Sheinbaum, que no está hecha de la misma madera, ni tiene su temple, ni las condiciones en las que está gobernando son favorables, sino crecientemente negativas, enfrentando la adversidad con el recurso empleado por los gobiernos populistas: polarizar.
De ahí viene la cruzada permanente contra medios y periodistas, partiendo de la premisa falsa de que como se redujo el presupuesto de la publicidad oficial, se elevó la crítica, que es la justificación baladí empleada por anteriores gobiernos para justificar sus deficiencias y, la más importante, que los problemas que la abruman son culpa de los medios y periodistas. Como pasados presidentes, está equivocada: los mensajeros son eso, mensajeros, no agentes de cambio.
Lo que reflejamos no es la causa de su baja en aprobación –varios puntos más de lo que muestran las encuestas públicas–, sino a variables objetivas, como la falta de crecimiento y la inseguridad, o subjetivas, como la percepción creciente que el régimen de la........
