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Venezuela: lo que realmente estamos viendo

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04.01.2026

Hay una escena que explica mejor este momento que cualquier discurso diplomático: venezolanos celebrando en el exilio, en plazas ajenas, en departamentos prestados, frente a pantallas encendidas lejos de casa. Celebran una captura, un quiebre, un final largamente esperado. Celebran fuera porque quedarse fue imposible. Y, al mismo tiempo, gobiernos enteros reaccionan con incomodidad, cautela o rechazo. Hablan de soberanía, de no intervención, de precedentes. La distancia entre ambas reacciones es el verdadero tema de nuestro tiempo.

Durante años, Venezuela ofreció señales inequívocas de colapso humano. No fueron metáforas ni exageraciones: familias cruzando fronteras a pie, hospitales sin insumos, salarios incapaces de sostener la vida, cuerpos adelgazando por hambre, una sociedad empujada a elegir entre huir o resistir. Todo eso fue visto, medido y reportado. Naciones Unidas envió misiones, publicó informes, advirtió sobre violaciones sistemáticas. Hubo palabras. No hubo corrección.

La pregunta que se hace el ciudadano común es directa y legítima: si todo esto ya ocurría, ¿por qué el mundo no reaccionó entonces? ¿Por qué ahora sí? La respuesta no está en la ética —o no solo—, sino en la estructura.

El derecho internacional no nació para rescatar poblaciones, sino para contener a los poderosos y administrar equilibrios. Funciona como freno antes que como salvavidas. Por eso puede convivir durante años con la violación masiva de derechos básicos sin activar respuestas decisivas. Mientras el sufrimiento humano permanezca administrable, el sistema observa,........

© El Financiero