Es tiempo de pensar en el tiempo
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Llegó el tiempo de representar el tiempo en un “muñeco de año viejo”, o en una canción que dice que el año se va a terminar, o quizá en una corredilla de pánico porque no se alcanzará, a la hora precisa, a dar el ansioso abrazo de año nuevo. Es tiempo de pensar en eso que San Agustín denominó el “no ser”, prolongando a Aristóteles. Pensamos en el tiempo –tal vez– cuando tal construcción teórica nos pone a cambiar de calendario, que a veces no es más que el “calendario de la piel”.
Estamos hechos de ayeres, según Shakespeare, lo que pone en discusión lo que viene, el acechado porvenir. Somos entonces lo que pasó. Lo que fue. Así, ¿para qué pensar en lo que viene? “Nuestra sustancia es el tiempo”, decía Borges en su diálogo con Osvaldo Ferrari. “El tiempo es un tema infinito”, agregaba, tal vez en una visión apocalíptica que está en El Aleph. Existe un instante en el cual –según el autor de Historia de la eternidad– convergen el pasado, el presente y todo el indeciso porvenir.
En estos días (“reloj no marques las horas…”, canta un bolero) próximos a un quiebre de año, es........
