El suicidio del centro
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El centro no desapareció porque hubiera dejado de tener razón: desapareció porque perdió el tono. En una época de ansiedad, el centro habla en voz baja; y en una época de rabia, la prudencia parece cobardía. La derecha quiere orden ya, aunque sea a bolillazos. La izquierda quiere justicia ya, aunque sea a decretazos. El centro, en cambio, insiste en una idea insoportable para los fanáticos: que las cosas complejas necesitan tiempo, reglas, acuerdos y límites. Ese, precisamente, es el camino de la civilización: ley en vez de caudillo, libertad en vez de tribu, mercado regulado en vez de botín, reformas graduales en vez de saltos al vacío. Pero resulta que la civilización no emociona. Por eso, Sergio Fajardo y Claudia López parecen........
