Hojeando libros viejos
Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
Lo que más me gusta cuando voy a ciudades lejanas es buscar por las calles librerías anticuarias y, en ellas, libros de viejos poetas locales que yo no haya leído. Fue así como descubrí, hace ya casi veinte años, a Idea Vilariño en Montevideo (tal vez la ciudad latinoamericana que tiene las mejores librerías de viejo) y también una primera edición, con dedicatoria, de Juana de Ibarbourou, que, sin siquiera intuirlo, sería mi arma secreta ideal para conseguir esposa, mi única esposa, que se sabía de ella un poema de memoria: “Con membrillos maduros perfumo los armarios. / Tiene toda mi ropa un aroma frutal / que da a mi cuerpo un constante sabor a primavera…”. Ella no podía creer que yo le regalara un libro de Ibarbourou firmado. Después dicen que los libros viejos no sirven para nada y que qué voy a hacer yo con tantos libros viejos.
Hace cosa de dos meses, en la calle Corrientes de Buenos Aires, metí las narices en un cuchitril y encontré un libro, no tan viejo, pero sí desconocido para mí, de Adolfo Bioy Casares: De........
