La peor presidenta
La presidenta del Parlamento, Astrid Pérez. / María Pisaca Gámez / ELD
Este oficio, escribir artículos esculpiendo opiniones con las herramientas adquiridas para el análisis, no es demasiado bien entendido. Es una paradoja: se trata de un oficio que se ejerce en un espacio público abierto y, con una insistencia periódica, pero la gente se resiste a entender que ni eres un héroe, ni las críticas derivan de antipatías personales, ni te pagan una mierda por defender a este o atacar al otro, ni pretendes evangelizar a nadie con tu verdad verdadera, al menos en casos como los de un servidor, que no ha ejercido jamás como misionero de sus opiniones. Lo que si brilla como una patética evidencia entre políticos y periodistas de este país es la ausencia de educación democrática. En treinta y tanos años me he tropezado con tres o cuatro dirigentes políticos que se te plantaban delante, inclinaban ligeramente el cuerpo hacia tí y te preguntaban con una mirada de desprecio fulminante:
--¿Por qué se mete conmigo? ¿Yo que le........
