La Paz, solidaria y resiliente
Pocas mujeres en el mundo son acunadas por una montaña. Las collitas.
“Montaña de luz”: Juan Carlos Orihuela, poeta. “El Illimani se está. Es algo que no se mira. Ya el morador de las alturas lo sabe, no es la montaña lo que se mira. Es la presencia de la montaña”: Jaime Saénz, aparapita. “Los paceños no miran al cielo como un destino, es su vecino; las montañas contemplaron generaciones, celebraciones, luchas, esperanzas”: Gonzalo Laserna, astrofotógrafo. En La Paz, las estrellas brillan abajo.
El Illimani no es un nevado. Es un Achachila. Se deja fotografiar por decenas de forasteros cada día; no les pregunta de dónde vienen, a dónde van. Se está.
Quizá es esa la Fuerza que convierte a sus habitantes. Quizá nacer en las alturas los vuelve combativos desde el primer instante. Hasta respirar es difícil. Hasta parir es difícil. Obliga a ser resistentes, a ser resilientes. A ser solidarios para sobrevivir.
Como la Dennis en la Zona Sur que en los 50/50 días de bloqueos ofreció su guiso de lentejas a los hambrientos, a los que esperaban días en las gasolineras, a los que no llegaban ni a sus casas ni a sus oficinas. “Si necesitas un plato de comida caliente ven a La Rufina. No tienes que comprar nada, no tienes que dar explicaciones de nada. Va por la casa”. Trescientos platos, “porque entendemos que, en momentos........
