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¿Es China perdedora en esta guerra?

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13.03.2026

Estados Unidos es el primer productor mundial de petróleo. Es exportador neto de crudo y productos petrolíferos. Es también el primer exportador de gas natural licuado del mundo. China es el primer importador mundial de petróleo y, también, el primer importador mundial de gas natural licuado (GNL). No es posible disociar esta realidad de los acontecimientos bélicos que hemos vivido y estamos viviendo.

Primero fue Venezuela, régimen cuyo desastre económico fue paliado por abundantes préstamos de China, pagaderos en petróleo. Ahora Irán, que suministra el 13-14% del petróleo importado por el gigante asiático y es su tercer suministrador, tras Rusia y Arabia Saudita. En 2021, China firmó un acuerdo estratégico con el gobierno iraní por el que se comprometía a invertir 400.000 millones de dólares durante veinticinco años en sus infraestructuras. Empresas chinas entraron a colaborar en el desarrollo y explotación de importantes campos de petróleo y de gas. Un cambio de régimen en Irán significaría un notable paso atrás para China. Un Oriente Medio bajo total influencia norteamericana supondría un importante riesgo estratégico para un país que consume más de 16 millones diarios de barriles -el 16% del consumo mundial-, de los que importa el 75%. La mitad de estas importaciones pasa por el estrecho de Ormuz. Tampoco es posible olvidarnos del gas natural licuado. Qatar proporciona a China el 27% de sus importaciones de GNL.

Trump da la guerra por casi acabada, pero no son pocos los analistas que apuntan a una prolongación del conflicto. Tras casi 50 años de dictadura teocrática, la clase dirigente iraní controla todos los resortes del poder. No es fácil, no ya que se avenga a negociar, sino que acepte su sumisión a un nuevo orden en el que sólo les puede ir peor. La victoria militar norteamericana e israelí es difícil de alcanzar sólo con la fuerza aérea. Tampoco parece posible, sin tropas sobre el terreno, acabar con todos los drones suicidas o la capacidad de minado del estrecho de Ormuz. Las autoridades iraníes, mientras tanto, tratan de mantener el vínculo con China. Desde que empezó la guerra, alrededor de quince barcos han cruzado el estrecho de Ormuz. La mayoría pertenecen a la llamada "flota fantasma" que, al margen de las sanciones internacionales, transporta crudo iraní a India y, sobre todo, a China. Suelen ser pequeños cargueros chinos que anuncian su presencia y origen a la Guardia Revolucionaria iraní por radio de onda corta y a los que les es franqueado el paso.

La prolongación del conflicto significará altos precios del petróleo y del gas, con el consiguiente impacto en la inflación y crecimiento de las economías mundiales. En un sistema democrático – y Estados Unidos lo es-, altos precios de los combustibles o de la electricidad no suelen beneficiar a políticos que tienen que ser elegidos. En términos macroeconómicos, sin embargo, un país exportador neto de petróleo y gas se beneficia de los precios más altos, mientras que los importadores netos tienen que bregar con las subidas de precios.

Con el estrecho de Ormuz cerrado, el problema de altos precios se transformará en un problema de escasez. La variable clave es el tiempo. Si el cierre es corto, China puede afrontarlo con cierta tranquilidad. A lo largo de 2025, aprovechando la tendencia a la baja de los precios, ha adquirido volúmenes importantes para completar sus reservas estratégicas, que ahora podría utilizar para atajar una posible escasez. El problema sería la prolongación de los enfrentamientos bélicos. Hasta el momento, la producción de petróleo ya se ha reducido en Arabia Saudita, Emiratos, Kuwait, Irak y Baréin. No parece haber daños relevantes en las infraestructuras petroleras. Simplemente, sin posibilidad de vaciar los tanques en las terminales portuarias, es necesario parar la producción por no tener dónde almacenar el petróleo. Existen dos oleoductos que permiten aliviar en parte -sólo en parte- el problema, pues permiten la carga en el mar Rojo y en el golfo de Omán, más allá de Ormuz.

Si el conflicto se alarga, las complicaciones para China y, en general, para todos los países de Asia, serán notables. Al impacto sobre el petróleo hay que sumar la reducción del suministro de GNL. Pese a que el volumen es alto, el impacto no es tan grave como en el caso del petróleo, dado que el sistema eléctrico chino puede funcionar con carbón y no necesita del gas natural, cuya falta afectaría, sobre todo, a parte de la industria química.

China, de una manera u otra, solventará, con más o menos dificultades, los problemas derivados del actual conflicto bélico

China, de una manera u otra, solventará, con más o menos dificultades, los problemas derivados del actual conflicto bélico. El dilema al que se enfrentan las autoridades chinas es dilucidar si el ataque combinado de Israel y Estados Unidos responde al deseo de Israel de solucionar el problema existencial que les supone el régimen teocrático iraní y a la oportunidad de saber que la cúpula del gobierno de la República Islámica estaría reunida en un mismo lugar un sábado por la mañana, o, por el contrario, el ataque combinado responde a una estrategia norteamericana de más alcance, cuyo objetivo es reducir el ámbito geográfico de influencia china y, de paso, subrayar su dependencia de unos combustibles fósiles que no controla.

Una respuesta posible, sea cual sea la conclusión china sobre la intencionalidad del ataque, es dejar hacer. A fin de cuentas, los vendedores de petróleo necesitan un comprador. Estados Unidos es ya un comprador muy marginal del petróleo de Oriente Medio. China es y será el gran cliente. Sea cual sea el resultado final de la guerra, los países productores de Oriente Medio necesitarán a China. En este marco, un paso adicional sería reforzar las relaciones comerciales con Rusia, segundo exportador mundial de crudo y primer exportador mundial de gas (tubería y licuado) que, además, debido a la guerra de Ucrania, ha perdido el mercado europeo.

La otra opción es tratar de sostener la resistencia iraní. A fin de cuentas, se trata de poner en valor la vinculación con China. Muchos países del mundo pueden pensar que, si la influencia china puede ser barrida de un plumazo por la fuerza militar estadounidense, más vale situarse en la órbita norteamericana desde el primer momento. Es una opción complicada. ¿Va China a proporcionar armas a Irán para su defensa? China vivió de espaldas al mundo hasta que las derrotas en las guerras del Opio del siglo XIX le provocaron un doloroso despertar. Tras su renacer económico gracias a las reformas de Deng Xiaoping, ha cultivado siempre su proyección exterior. Dar pasos atrás no es un plato de gusto.

Sea cual sea la decisión de las autoridades chinas, el mundo converge al alineamiento. El pronóstico no puede ser bueno.


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