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Ni armas nucleares, ni Yihadismo, EEUU busca asfixiar a China

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21.03.2026

El ataque de EEUU e Israel contra Irán se suele justificar con narrativas que poco tienen que ver con la realidad, como el evitar que desarrolle armas nucleares o acabar con el terrorismo yihadista. Son justificaciones muy atractivas para vender a la población, pero quedan muy lejos de la realidad. Y es que el único motivo que hay detrás de esta guerra es asfixiar energéticamente a China.

Si a EEUU le preocupase de verdad el armamento nuclear iraní, habría puesto el mismo ímpetu en evitar que países como Pakistán o Corea del Norte lo desarrollasen, pero no lo hizo. Además, la inteligencia americana ya desmintió que Irán tuviese o estuviese desarrollando un arma nuclear. Y si de verdad le importase la lucha contra el terrorismo islámico, romperían relaciones con sus socios suníes de Arabia Saudi o Qatar, que son los verdadros financiadores del terrorismo islámico.

Pero lo único que interesa a EEUU y es en lo que ha centrado su política exterior desde que Trump fue reelegido como líder del mundo libre es en contener a China. Trump sabe que EEUU está en una situación complicada, con una deuda del 130% del PIB y un déficit del 6% y sabe también que una gran potencia, cuendo empieza a destinar más a pagar intereses de la deuda que a inversión militar, acaba perdiendo su estatus en pos de otra potencia emergente, en este caso China.

Esto ha sido una constante a lo largo de la historia. Pasó con Roma, con España y con Inglaterra y de no remediarse, también le pasará a EEUU, ya que lleva dos años gastando más en intereses de la deuda que en defensa y va camino del tercero. Y en una situación así, o reduces tu deuda, o acabas con la potencia que amenaza tu hegemonía. Parece que Trump está optando por las segunda opción.

El ataque a Irán, al igual que el de Venezuela, tiene como objetivo principal asfixiar energéticamente a China. El país asiático es el segundo mayor consumidor de petróleo del mundo, por detrás de EEUU. Pero mientras que EEUU es autosuficiente, China tiene que importar el 70%.

Irán exportaba el 95% de su petróleo a China, que lo compabra con enormes descuentos por las sanciones internacionales, en torno a $12-13 menos respecto al barril de Brent. Y aunque cortar el suminstro de ese petróleo no supondría una catastrofe para China, ya que representa en torno al 13% de sus importaciones y podría compensarlo con sus reservas, que EEUU pase a controlar la totalidad del Estrecho de Ormuz si que sería un duro golpe para China, ya que por ahí pasan más del 50% de sus importaciones de petróleo y un 20% de sus importaciones de Gas Natural.

Aunque primero habrá que ver si sale bien la operación en Irán, ya que hay que tener en cuenta que Irán no es Venezuela y provocar un cambio de régimen únicamente con fuerza aérea es algo que no suele funcionar. Lo vimos en Irak, con la Operación Tormenta del Desierto en 1991, que no consiguió acabar con el régimen de Sadam Hussein e hizo falta una invasión terrestre en 2003. En el caso de Irán, por sus condiciones geográficas, realizar un despliegue terrestre sería muy costoso, tanto en términos materiales como humanos y esto haría a Trump perder las elecciones de mitad de mandato. Por ello, el éxito de que cambie el régimen Ayatolá dependerá de los propios iranies. Y caído Venezuela, si también cae Irán, a EEUU solo le quedaría separar a Rusia y China para acabar de asifixiar al gigante asiático.

Y eso podría estar más cerca de lo que pensamos. El mes pasado se filtró un informe interno del Kremlin en el que se planteaba una posible asociación económica con Estados Unidos —incluido el regreso de Rusia al sistema de liquidación en dólares y una cooperación en el ámbito de los combustibles fósiles—. Y es que Rusia estaría buscando reducir dependencia de China, ya que ve que sus territorios en el Pacífico corren peligro, sobre todo los que se encuentran dentro de la región de Manchuria, arrebatados a China durante las Guerras del Opio y reclamados por esta desde entonces. Y si bien un acercamiento a EEUU no supondría romper relaciones con China, si que podría suponer un impacto económico importante para el gigante asiático, al ganar Rusia poder de negociación.

Es decir, Trump puede llegar a su encuentro con Xi Jinping en Pekin el próximo 31 de marzo habiendo neutralizado, en menos de tres meses, a los tres principales aliados de China y controlando gran parte de sus suministros de energía. Esto le permitirá obtener un acuerdo sobre minerales críticos mucho más ventajoso que el negociado en su última reunión en octubre, que al fin y al cabo es de lo que trata todo esto. La nueva diplomacia la marcan los minerales críticos y la energía.

*Julián Pérez Solana, economista


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