Zapatero, el becerro de oro del sanchismo
La construcción de mitos nace de la humana necesidad de adoración. En El Porvenir de una Ilusión (1927), Sigmund Freud parte de esa tesis para deslegitimar la religiosidad. La fe no sería más que el atributo distintivo de la humanidad en su fase infantiloide. El libro cumplirá cien años en 2027.
La edad adulta de nuestra especie, aunque no cabía ser muy optimista al respecto, se alcanzaría a través de la ciencia, la racionalidad y los hechos probados. A estas alturas sabemos que eso no va a suceder. La necesidad de adorar y creer, dejando la religión al margen y centrándonos en asuntos exclusivamente terrenales, sigue explicándonos como individuos y como masa.
Por eso continuamos enamorándonos, por ejemplo. El optimismo cientificista que dibuja un mundo guiado únicamente por la razón es irrealizable, salvo que uno abrace las tesis del transhumanismo. Nuestro sino es seguir adorando, uno tras otro, becerros de oro. Y en el plano colectivo, descontado el futbol, es en la política donde más se advierte esta necesidad.
La leyenda de Zapatero, el referente, se ha construido sobre esa carencia emocional colectiva que es necesario satisfacer. En el caso que nos ocupa, Zapatero cumple esa función de relleno imprescindible entre la gente de izquierdas, aunque haya ejemplos en todas las familias políticas. Pues las necesidades son las mismas para todos los públicos. El patrón es siempre el mismo. Los hechos probados, lo ya conocido sobre un personaje, no tiene la menor importancia cuando los mecanismos de adoración colectiva se ponen en marcha.
Acreditado está que Zapatero mintió con nocturnidad y alevosía a todos los españoles sobre la situación........
