Teoría y práctica para un indepe pasmado
Gabriel Rufián es un ser político elemental pero tiene razón en lo que dice. Una cosa no quita la otra, se puede ser primario y acertar en el diagnóstico político, en la estrategia necesaria, aunque luego, cuando abra la boca, podamos descubrir detrás a un señor desnortado y desconectado, feliz en su mundo pequeño en el que juega a ser un revolucionario que canta bella ciao mientras se afeita cada mañana. Se mira al espejo, ensaya una sonrisa, la mueca de morritos de los selfies, y se pone a cantar. Así de elemental es el cuerpo ideológico de Gabriel Rufián, pero no es una excepción, desde luego, ni en la izquierda ni en la derecha. Y en su ámbito de extrema izquierda -aquí siempre se sigue una regla geográfica, no peyorativa, para definir a los partidos, según su propia definición- Gabriel Rufián es, sin duda alguna, el mejor orador, el de más personalidad y mejores perspectivas electorales.
No se trata de una valoración personal sino de una medición de los sondeos, como la encuesta del CIS que lo colocan el cuarto en las preferencias de los ciudadanos por detrás de Pedro Sánchez, Santiago Abascal y Alberto Núñez Feijóo. Podemos recelar, con un yacimiento de motivos, del rigor del CIS en tiempos de Tezanos, pero es probable que ninguno de nosotros considere que personajes como Yolanda Díaz, Irene Montero, Enrique Santiago o Mónica García son mejores como carteles electorales que Gabriel Rufián. Mucho menos Antonio Maíllo, el coordinador de Izquierda Unida, que vive atrapado en las contradicciones del Gobierno, de su propia formación y de los socios........
