El 'ateísmo kitsch' de las poses de izquierda
Al salir del cine, una de las espectadoras va comentándole a su compañero que si ella tuviera una hija que quisiera meterse a monja la llevaría de inmediato al psicólogo. "Si mi hija, o mi hijo, me dice que quiere cambiar de sexo, y mucho más si me confiesan que son homosexuales, yo lo entendería perfectamente y les ayudaría, pero lo de meterse en un convento sí que me preocuparía". La película que acabábamos de ver todos era ‘Los domingos’, la ganadora de los premios Goya, con una temática muy alejada de los estereotipos que suelen triunfar en ese público de directores, actores y actrices que asiste a la ceremonia. Se puede entender fácilmente porque en ese ambiente se reparten previamente consignas y chapitas como normas de comportamiento. No son muchos, pero hay algunos artistas que acaban desertando porque se les hace irrespirable. Entre empalagoso y mandón. Pasa con estas consignas homologadas, pasan de previsibles a absurdas hasta que se instalan en el patetismo. Como dijo Leonor Watling, que retrató bien ese ridículo: "Si voy a ir con una chapa de Palestina, ¿por qué no me pongo una de Ucrania? ¿Y por qué no me pongo una de Sudán? ¿Y qué hago aquí? ¿Y por qué no me quedo en mi casa? Respeto mucho lo que cada uno decida, pero el posicionamiento político no debe ser automático. Tenemos derecho a tener una respuesta personal".
El automatismo es, de hecho, lo que está matando a una parte de la izquierda porque, de tanto solventar los problemas y los cambios sociales con eslóganes prefijados, se acaba alejando drásticamente de la realidad. Por eso les causa perplejidad que haya fenómenos como el del aumento de la........
