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Qué enseña la guerra contra Irán sobre la defensa de Ceuta y Melilla

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25.03.2026

De Ceuta a Teherán hay unos 4.600 kilómetros en línea recta. Nada de lo que sucede en Oriente Medio debería repercutir sobre esa ciudad autónoma y Melilla más allá del auge de la inflación provocado por el aumento del precio de los hidrocarburos. Pero no es así, la guerra contra Irán tiene algunos efectos colaterales sobre ambas ciudades españolas.

La postura del Gobierno español ante el conflicto ha servido de pretexto a un puñado de analistas, vinculados a 'think tanks' que defienden Israel a ultranza, para apostar por castigar a España haciéndole perder sus “últimas colonias”, es decir, las dos ciudades incrustadas en la costa norteafricana.

¿Cuál es el objetivo más vulnerable en España?, se preguntaba, por ejemplo, Chama Mechtaly, fundadora del Emma Lazarus Institute. “Los enclaves coloniales españoles en territorio marroquí: Ceuta, Melilla y las plazas de soberanía más pequeñas”, se contestaba a sí misma. En lugar de sancionar comercialmente a España, “a EEUU no le cuesta nada reabrir el examen de estas reliquias coloniales” y así “humillar a Sánchez y recompensar a un aliado como Marruecos”.

Días antes fue Michael Rubin, exfuncionario del Pentágono, el que animó al rey Mohamed VI, desde los 'think tanks' Middle East Forum y American Enterprise Institute, a promover una Marcha Verde para apoderarse de Ceuta y Melilla como su padre, Hassan II, se adueñó en 1975 del Sáhara Occidental. Rubin propugnó incluso que los “colonos”, es decir, unos 165.000 ceutíes y melillenses, fuesen expulsados a la Península Ibérica, es decir, que fueran víctimas de lo que aparenta ser una limpieza étnica.

La provocación de Michael Rubin, ampliamente recogida por la prensa de Casablanca, incomoda a muchos marroquíes. Yahya Yahya, fundador del desaparecido Comité para la Liberación de Ceuta y Melilla, criticó que el polemista estadounidense “instrumentalice un asunto puramente interno marroquí con fines políticos externos”. Alude así a las presiones ejercidas sobre España para hacerla cambiar de actitud con relación a Israel.

Que las ciudades autónomas son vulnerables ya lo sabe Marruecos. Lo pone en evidencia permitiendo que, de media, lleguen a Ceuta 21 inmigrantes irregulares al día, en total 1.604 en los dos primeros meses y medio de 2026, según el Ministerio del Interior español. Es un 503% más que durante el mismo periodo del año pasado. Si quisiera, podría reeditar la invasión migratoria pacífica de mayo de 2021. Alentados entonces por los servicios de seguridad marroquíes, entraron en la ciudad más de 10.000 inmigrantes irregulares en menos de 48 horas.

Que los más acérrimos valedores de Israel recuerden ahora desde EEUU la fragilidad de esos “presidios” españoles debería ser un aldabonazo para el Gobierno de España y, en menor medida, para la sociedad civil ceutí y melillense. Es un nuevo aviso que invita a ponerse manos a la obra para defender dos ciudades que España conquistó mucho antes de que reinara en Marruecos la dinastía de los alauitas.

Cuando se les pregunta, los miembros del Gobierno responden machaconamente que Ceuta y Melilla son españolas. El ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, se vanagloria de que en febrero de 2025 Marruecos aceptó abrir unas aduanas terrestres con ambas ciudades. Olvida que ninguna funciona porque Rabat veta todo aquello que pueda aliviar la asfixia económica a la que somete a ceutíes y melillenses. Para ellos cruzar esa frontera es un viacrucis.

Defender a Ceuta y Melilla no es repetir hasta la saciedad que son españolas. Tampoco pasa por resucitar el estéril debate sobre si el tratado del Atlántico Norte abarca o no a las dos ciudades. La OTAN es una organización debilitada. No está claro, además, que EEUU saliera en defensa de un aliado como España, frente a un Marruecos que se incorporó en 2020 a los Acuerdos de Abraham y no ahorra esfuerzos para complacerle.

La defensa de Ceuta y Melilla pasa por reforzar su anclaje en España y en Europa y mejorar su seguridad para hacer frente a las amenazas híbridas que impulsa el vecino. He aquí seis medidas que el Gobierno podría poner en marcha sin contar con Marruecos.

1. Promover una reforma de la Constitución para suprimir las disposiciones de carácter transitorio del título VIII y sustituirlas por los nombres de todas las comunidades autónomas y de las ciudades de Ceuta y Melilla. Ambas figurarían en la Carta Magna. La idea estuvo recogida en el programa electoral del PSOE en 2004. Aunque ganó las elecciones, el presidente José Luis Rodríguez Zapatero no la puso en práctica.

2. Organizar una visita de los Reyes de España a las dos ciudades en las que nunca han puesto pie, ni siquiera cuando, después de la pandemia en 2020, recorrieron todas las comunidades autónomas de España. Don Juan Carlos y doña Sofía viajaron una única vez, en 2007, a Ceuta y Melilla.

3. Promover el ingreso de Ceuta y Melilla en el Comité de las Regiones de la Unión Europea en el que podrían turnarse. Es una decisión que depende exclusivamente del Gobierno de España.

4. Promover el ingreso de Ceuta y Melilla en la unión aduanera de la que ambas ciudades quisieron quedar excluidas en 1986 cuando España se incorporó a lo que hoy en día es la Unión Europea. La Asamblea de Ceuta ha solicitado en dos ocasiones, por unanimidad, al Gobierno que negocie su incorporación a la unión aduanera. El Ejecutivo de Mariano Rajoy desoyó su petición, la disuadió incluso en 2013 de que insistiera en ello. El de Pedro Sánchez anunció, en cambio, en mayo de 2021, que la atendería. Desde entonces no ha dado un solo paso.

El ingreso en la unión aduanera daría pie para exigir a Marruecos que abra aduanas terrestres sin restricciones con las dos ciudades, similares a las que la UE posee hoy en día con países terceros. La delegada del Gobierno en Melilla, Sabrina Moh, aseguró en 2024 que la aduana que se iba a inaugurar en su ciudad sería equiparable a las que la UE tiene abiertas con países terceros. Nada más lejos de la realidad.

5. Aprobar y poner en práctica el Plan Integral de Seguridad para Ceuta y Melilla anunciado a finales de mayo de 2021. Figura en la Estrategia de Seguridad de 2021. Al año siguiente, se creó un grupo interministerial para elaborarlo. A día de hoy no existe.

6. Adoptar un amplio paquete de contundentes rebajas fiscales que compense la asfixia económica promovida por Marruecos. Incluirían desde una nueva bajada del IRPF hasta incentivos a la inversión empresarial, como un tipo reducido de impuesto de sociedades, pasando por facilitar la instalación de sedes digitales y la introducción de un régimen de nómadas digitales.

No todo debe, sin embargo, recaer sobre el Gobierno central. Los partidos políticos, la sociedad civil de Ceuta y Melilla deben recordar periódicamente a Europa, al mundo, que ellos son españoles y quieren seguir siéndolo y así lo expresan en las urnas. Prueba de ello es que, cuando surgieron en los años 80 y 90 aquellas formaciones que propugnaban la incorporación a Marruecos fueron estrepitosamente derrotadas.

Llama la atención que después de la provocadora amenaza de Michael Rubin y de sus correligionarios nadie haya querido debatir sobre ella. Nadie, excepto el pequeño partido Ceuta Ya!, que instó a discutir en el pleno de la Asamblea de Ceuta cómo “luchar ahora por defender nuestros derechos”. PP y PSOE “niegan el problema y dicen muchas veces que Ceuta es España, hablan de historia y de Constitución, como si esos elementos tuvieran algún valor en la geopolítica actual”, asegura esta pequeña formación.

Aunque no pierden de vista Ceuta y Melilla, las autoridades marroquíes están ahora dedicadas a rematar los éxitos que han cosechado por el lado de su frontera sur tras el espaldarazo que les dio el Consejo de Seguridad de la ONU en octubre aprobando una resolución (2797) que les es muy favorable. Fue la Administración Trump la que impulsó ese texto. El apoyo recibido por parte de EEUU ha envalentonado a la diplomacia marroquí.

Llegará un día, probablemente tras el Mundial de 2030, que Marruecos organiza con España, en el que Rabat reactivará con fuerza, compaginando diplomacia y guerra híbrida, su reivindicación sobre las dos ciudades que considera “ocupadas”. Más vale pertrecharlas de antemano para que la embestida sea menos dañina.


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