A pesar de todo… seguir confiando
Es muy difícil, por no decir imposible, encontrar a alguien que, en su historia de vida, no haya sido engañado, robado, estafado, frustrado, traicionado o violentado, de alguna forma, una o varias veces, bien por desconocidos como por cercanos.
Cuando somos víctimas de esas situaciones, nos confundimos y experimentamos múltiples y muy confusas sensaciones: nos sentimos débiles, burlados, vulnerables, incapaces, inocentes y hasta tontos.
Estas vivencias nos han ocurrido, creo, a todos, y son momentos en los que, hasta las personas de más fuerte carácter, maduras, muy cuidadosas y precavidas, también flaquean.
Así, por ejemplo, rabia, ira y desconsuelo se acumulan en nuestro ser cuando somos traicionados por un amor, nos incumplen una promesa, nos roban una propiedad, nos atracan, nos estafan en una compra o nos frustran un sueño, por citar momentos indeseables que vivimos.
Y nos enfurecemos, culpamos, lloramos, sentimos perdido alguno de nuestros propósitos de vida, pensamos que cosas trascendentales pierden sentido o, incluso, algunos consideran que no valdría la pena seguir........
