Boinas ‘colorás’
19 de marzo 2026 - 03:10
En su libro Los años irreparables –lectura fundamental para todo aquel que tenga un poco de interés por la ciudad y sus cosas–, Rafael Montesinos, sevillano en el exilio madrileño en una época en la que no existía ni el AVE ni Óscar Puente, cuenta por qué, apenas siendo un adolescente, se alistó de voluntario al tercio de requetés Virgen de los Reyes para combatir en la Guerra de España. La clave fue el uniforme, tocado con la legendaria boina roja, y ese halo romántico y valleinclanesco que tenía la carlistada. Por los secretos pasadizos de la memoria me acude a la mente esta anécdota después de leer que el Ayuntamiento va a desplegar en El Cerezo (con serios problemas de seguridad en los últimos tiempos) su flamante Grupo de Apoyo y Reacción (GAR), una especie de brigada de intervención rápida que acudirá allí donde el peligro sea más inminente. Visten sus agentes unas boinas de tono granate, como las de Richard Burton y Roger Moore en Patos Salvajes, aunque el periodismo no termina de ponerse de acuerdo sobre el nombre exacto del color: ¿rojo, carmesí, burdeos? Para agrupar y simplificar todas esas variedades del bermellón, la lengua andaluza que tanto reivindica la ínclita María Jesús Montero tiene una palabra conciliadora: colorado/a (pronunciado, claro está, con la fonética de los Álvarez Quintero: colorao/colorá). El vocablo colorado sirve para denominar todo tipo de encarnados –ya sean las casacas de la soldadesca de Wellington o la famosa manteca de cerdo con pimentón de la Vera que ya solo desayunan los valientes–. Propongo solemnemente que dicha nueva unidad, a la que le deseo todo tipo de éxitos contra la delincuencia, pase a denominarse oficialmente Boinas colorás. No habría mejor homenaje a nuestras hablas meridionales.
A algunos, probablemente llevados por la osadía de la ignorancia, le pueden parecer baladíes todas estas disquisiciones sobre la uniformidad del GAR. Inmenso error, porque todos los ejércitos y cuerpos policiales civilizados siempre se han caracterizado por su especial esmero en su manera de vestir. Las teatrales plumas de los carabinieri italianos son la prueba de que no hace falta disfrazarse con los harapos de Rambo para derrotar al mal.
Nada que objetar a la nueva unidad, que parece estar bien equipada y perfectamente adiestrada en cuestiones técnicas y ciudadanas. Su despliegue seguro que traerá mejoras en cuestiones como la seguridad ciudadana o el derecho al descanso, lo cual no es poco. Por cierto, hay una cumbia de Marcos Miguel que se titula La boina colorada. Ahí lo dejo.
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