La paradoja del Parador
Redacto estas líneas unas horas antes de que las autoridades de la isla y numerosos invitados se dirijan a la inauguración del nuevo Parador de Ibiza, pudiendo corroborar algo que a los ibicencos ya se nos antojaba imposible: que llegaría el día en que esta obra concluiría del todo y por fin podríamos volver a disfrutar de la silueta de Dalt Vila diáfana y exenta de grúas. Me llegan noticias de que los preparativos protocolarios para el evento no han estado exentos de codazos. Al parecer, algún invitado incluso ha declinado asistir por las tensiones internas en su partido, dada la imposibilidad de colocar a toda la gente que anhelaba asistir a una de las más apetecibles hogueras de las vanidades prendidas esta legislatura, cuyo final ya se atisba en el horizonte.
Escribo, por tanto, desde el desconocimiento de lo que habrá dado de sí el acto, pero con el convencimiento de que dichos fuegos de artificio tampoco son lo importante, ni algo que vaya a tener la menor repercusión en el día a día del ibicenco corriente y moliente, preocupado por otras cuestiones más acuciantes. Por ejemplo, dónde va a encontrar casa y si podrá afrontar el pago del alquiler; si conseguirá aguantar........
