menu_open Columnists
We use cookies to provide some features and experiences in QOSHE

More information  .  Close

El inmigrante de los informativos

10 0
24.08.2026

Aigues-Mortes, Francia, 1893. Las salinas de Peccais emplean cada verano a varios cientos de hombres para recoger sal bajo un calor que hace casi imposible el esfuerzo. Se paga a destajo. Quienes acuden allí no son trabajadores especializados. Son temporeros del Macizo Central, a los que la región llama trimards, y piamonteses a los que la miseria agraria ha arrojado a los caminos del sur. Estos últimos trabajan en cuadrillas organizadas y consiguen una mayor producción de sal.

El 16 de agosto de 1893, se produce un altercado junto a uno de los depósitos de agua dulce. No es más que una riña entre hombres exhaustos. La noticia circula sin embargo por el pueblo durante la noche y, al día siguiente, se forma una turba. Cientos de franceses, a los que se suman habitantes de Aigues-Mortes que no trabajan en las salinas, persiguen a los italianos por el campo. Ese día, trabajadores franceses matan a golpes y pedradas a trabajadores italianos. El balance oficial asciende a ocho muertos, aunque nunca podrá establecerse con exactitud, ya que algunos cuerpos desaparecieron en las lagunas. En diciembre de ese mismo año se celebra un juicio en Angulema que termina con absoluciones.

Los italianos de Peccais llevaban años trabajando en el lugar. Su número no había aumentado bruscamente durante el verano de 1893 y sus salarios tampoco habían caído de repente. Lo que había cambiado era la rivalidad habitual entre dos grupos de jornaleros, que había adquirido otra naturaleza. Una simple disputa laboral se volvió de repente una oposición entre franceses e italianos. Los socialistas usaron los hechos de Aigues-Mortes para defender una de las medidas que pedían. Querían un salario mínimo para todos los trabajadores, sin importar su nacionalidad. Así buscaban evitar que los extranjeros compitieran de manera injusta con los trabajadores franceses. Édouard Drumont, periodista y escritor de extrema derecha, acusaba a los italianos de aceptar salarios de miseria y pensaba que la solución era expulsar a los extranjeros. Lo decía en La Libre Parole, su periódico antisemita y nacionalista. 

En el Midi, los trabajadores franceses también se enfrentaban a la competencia de trabajadores extranjeros. En Marsella, desde 1888, obreros franceses iban a los barcos donde trabajaban italianos y pedían que los despidieran; en algunos casos lo lograron. En 1893, los trabajadores de la Joliette exigieron que las empresas que trabajaban para el Estado, la provincia o el municipio tuvieran que limitar al 10 % el empleo de extranjeros. El lenguaje era claramente económico. Se acusaba a los extranjeros de quitarles el trabajo a los franceses y de aceptar sueldos más bajos. Un boletín obrero marsellés de 1891 resumía este rechazo hablando de “ese obrero italiano o español” que venía a ocupar un puesto en el taller junto al trabajador francés. 

Posteriormente se registraron incidentes entre trabajadores franceses y españoles en Limoux, en 1894; Perpiñán, en 1897; y Narbona, en 1900. Los expedientes de los Archivos Nacionales franceses recogen así los “incidentes entre obreros franceses y españoles” de Limoux (ref: BB18 1972) y los “desórdenes entre obreros franceses y españoles” de Narbona (ref: BB18 2170). Lo que se repite de un conflicto a otro es menos una hostilidad vinculada a una nacionalidad concreta que un mismo lenguaje de la competencia: el extranjero es presentado como aquel que ocupa el lugar del francés y amenaza su salario.

La historiografía francesa ha documentado con minuciosidad estos episodios poco gloriosos de la historia social del país. Pero este mecanismo no se limita a la Francia de finales del siglo XIX ni a los enfrentamientos entre trabajadores de distintas nacionalidades. Aparece, bajo formas y en contextos muy diferentes, cada vez que una competencia real o supuesta con los extranjeros se transforma en una percepción más general de amenaza económica. La España de comienzos de los años noventa ofrece, a este respecto, un caso paradigmático de percepción ampliamente imaginaria de la competencia extranjera.

El 1 de enero de 1993, España contaba con 393.100........

© CTXT