Bolivia en el limbo: entre el pasado y el futuro
Bolivia es un país que solo logra consensos cuando el dolor es compartido. En 1985, la hiperinflación no solo vació los bolsillos, disciplinó a la sociedad. El Decreto Supremo 21060 fue rechazado por los sindicatos, pero aceptado a regañadientes por una población que había entendido que no había alternativa. El ajuste no fue popular, fue inevitable. El trauma colectivo fue tan profundo que generó un pacto implícito entre actores históricamente enfrentados, desde la COB hasta sectores obreros y campesinos. Cuarenta años después, Bolivia atraviesa una crisis económica evidente, pero no terminal. Y esa diferencia lo cambia todo: sin colapso no hay cohesión, sin miedo no hay acuerdo, sin abismo no hay decisión.
La coyuntura actual se parece a una lección inconclusa. No hay hiperinflación galopante, pero sí desabastecimiento crónico de combustibles, reservas internacionales exiguas y un déficit fiscal que estrangula al Estado. A ello se suman factores externos que el país no controla: la caída sostenida de los precios del gas, la lenta y conflictiva explotación del litio, la creciente dependencia comercial de China y los efectos del cambio climático sobre la agricultura, especialmente en el altiplano y los valles. La economía se deteriora lentamente, lo suficiente para incomodar, pero no para forzar consensos. Bolivia sigue atrapada en esa zona gris donde la crisis es estructural, pero aún no pedagógica.
Las elecciones generales de 2025 evidenciaron la ambigüedad política de Bolivia. La victoria de Rodrigo Paz Pereira y Edmand Lara no........
