PAES, rankings y el desprestigio silencioso de la educación pública
El autor de esta columna critica la forma en la que se comunican los resultados de la PAES sin hacerse cargo del sistema educativo que impera. Sostiene que “mientras sigamos leyendo los puntajes sin contexto, seguiremos confundiendo desigualdad con mérito, selección con calidad y ranking con diagnóstico. Y mientras eso ocurra, la educación pública seguirá cargando con un descrédito que no le pertenece, pero que resulta funcional a un sistema que necesita justificar, año tras año, por qué educar en común parece siempre una apuesta fallida”.
Créditos imagen de portada: Sebastián Beltrán/ Agencia Uno
Cada verano, con puntualidad casi ritual, la publicación de los resultados de la PAES vuelve a activar un libreto conocido en los medios de comunicación: rankings de colegios, comparaciones simplificadas y titulares que, más que informar, parecen confirmar una idea largamente instalada. Este año no fue la excepción. “Solo un colegio público entre los 100 mejores”, repiten portales, radios y noticieros con insistencia. El mensaje es inequívoco, aunque nunca se formule de manera explícita: la educación pública no funciona.
Sin embargo, el problema no reside únicamente en el dato, sino en la forma en que se construye el relato a partir de él. No se trata solo de qué se informa, sino de cómo se jerarquiza la información, qué se enfatiza y qué se omite. En ese proceso, el ranking deja de ser una herramienta descriptiva y se transforma en un dispositivo de sentido común, capaz de reforzar prejuicios y naturalizar desigualdades.
La PAES es, ante todo, una prueba de acceso a la educación superior. No es —ni pretende ser— un instrumento para medir la calidad integral de los establecimientos escolares, ni menos para evaluar la eficacia de un sistema educativo en su conjunto. Aun así, año tras año se la utiliza como vara única para juzgar colegios, docentes y trayectorias educativas completas. Esta operación no es inocente: convierte un instrumento técnico en un dispositivo simbólico, capaz de jerarquizar, estigmatizar y legitimar desigualdades previamente existentes.
El ranking de los “100 mejores colegios” es un ejemplo elocuente de este proceso. En él, la casi totalidad de los establecimientos corresponde a colegios particulares........© CIPER Chile
