Cuando informar se convierte en un peligro
Hace un año, una revista española de Derecho Internacional me solicitó investigar la muerte de periodistas en Gaza y la posible responsabilidad internacional de Israel. Como lector de periódicos, siempre me ha atraído el periodismo. Quizá por eso intento, desde mi ámbito académico, participar en él en la medida de lo posible. Esta reflexión procede, en parte, de aquel artículo académico y, en parte, de algo que observo desde hace tiempo y que numerosas organizaciones internacionales vienen poniendo de relieve: el periodismo es hoy una profesión peligrosamente expuesta.
Pero ¿quién es periodista? Cada vez me convence más una noción funcional: periodista es quien busca, contrasta y difunde información de interés público, con independencia de una acreditación o de su pertenencia formal a un medio. Las nuevas formas de comunicación han desdibujado las viejas fronteras de la profesión, pero no su función esencial: averiguar qué ocurre y contarlo. En Gaza, demasiados han muerto precisamente mientras cumplían esa función.
Hay profesiones que entrañan riesgos y otras en las que el riesgo comienza precisamente cuando se hacen bien. El periodista puede ser perseguido no porque haya incumplido su función, sino porque la ha cumplido: ha visto, ha preguntado, ha investigado y, finalmente, ha contado.
Gaza constituye su manifestación más extrema. Cuando comencé aquella investigación, la cifra de periodistas muertos ya resultaba estremecedora. Mientras escribía, siguió aumentando. A 30 de agosto de 2026, el Comité para la Protección de los Periodistas contabilizaba 263 periodistas y trabajadores de medios muertos desde el 7 de octubre de 2023, además de 174 heridos y 114........
