Jugando lo aprendí, ¿me acompañas?
Jugando lo aprendí, ¿me acompañas?
Autor(es): Sahily Tabares
Los medios de comunicación audiovisuales estimulan el quehacer participativo en las comunidades del país
Sin límites de idiomas, países y fronteras crecen las audiencias. Desde edades tempranas necesitamos escucharnos, conocer al otro ser humano estableciendo nexos cómplices. La apropiación de mensajes se sustenta en la cultura y las tecnologías durante complejos procesos comunicativos. El escenario mediático constituye un epicentro de interacciones. A la televisión tradicional le pedimos que entretenga, informe, instruya, exprese mundos afectivos, combata lo banal, la violencia en vertientes hogareñas, sociales y mucho más.
Disfrutan los públicos implicarse en las construcciones narrativas llevadas a las pantallas. Muchas de ellas inspiran a los artistas en el país. Cuentos, tradiciones, y juegos vistos en la TV ahora activan la vida comunitaria. Contribuyen a la socialización de cuentos olvidados, refranes, tradiciones y otros saberes útiles en cualquier etapa de la vida. Poéticas diferentes merecen ser conocidas e interpretadas.
Pensemos: el capital humano estimula la imaginación. Necesitamos aplicar improvisaciones inteligentes en el barrio; cerca de la escuela con el apoyo de los instructores de arte, proyecto que fundó y estimuló Fidel Castro Ruz.
De vuelta a legados valiosos, recordemos a Mirta Muñiz, respetable profesional de la publicidad. Ella decía: “La TV debe ser creativa y popularmente culta”.
Hoy nos preguntamos: ¿por qué no asumimos esos conceptos en nuestras realidades cotidianas fuera de la pantalla?
Estemos alertas, el acelerado desarrollo de los artefactos instaura un nuevo discurso dominante donde imperan hibridaciones, formas diversas de ver, apreciar y sentir. Los flujos de circulación sustentan intercambios de informaciones; en la narrativa audiovisual se originan producciones intermediales y colaborativas.
Desde las comunidades es posible contrarrestar la creciente influencia de la industria hegemónica del entretenimiento fatuo. Privilegiar proyectos novedosos y jerarquías artísticas reclama buenas intenciones y deseos de transformar lo cotidiano. Es en la práctica donde se concreta el deber ser. Lo que no se visibiliza, no existe, incorporemos esta idea a las estrategias comunitarias. Filósofos, artistas y creadores audiovisuales alertan sobre cómo la banalización amenaza con tragarse el mundo, ganarle la batalla a la inteligencia. En nuestra TV, de carácter público, nunca obviemos la polisemia del arte y el gusto estético, este se forma durante la niñez. Los destinatarios buscan lenguajes renovados, acuden a diferentes soportes, técnicas y novedosas sintaxis al contar historias.
Hoy apremia cultivar las cercanías, la credibilidad, el sentido emancipador del proyecto social en Cuba. Quizás, ahora mismo, escuchas de vecinos y amistades: “jugando lo aprendí, ¿me acompañas”.
Pensémoslo. Conocernos es una manera creativa de estar juntos ante la televisión y en el barrio.
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