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José Antonio... ¡Presente!

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25.01.2026

Suele suceder que –a falta de mejor– los padres, para escoger un nombre para su progenitura se inspiren en personajes de la Historia, lo que nos ofrece un verdadero florilegio de apelativos de ilustre prosapia y evocadores de notables hazañas.

La Antigüedad romana y sus brillantes generales triunfadores de inolvidables y épicas batallas trajeron muchos Césares, Julios, Marcos, Marios e incluso algún Escipión, familiar y amigablemente llamado Esci, aun cuando –por razones que parecen obvias– hay raros Pompeyos y aún menos Cornelios.

La filosofía y la literatura de la Grecia clásica nos dieron múltiples Horacios, algunos Sócrates, más de un Solón, muchos Claudios, uno que otro Heráclito y raros Hipócrates.

Admiradores de tal o cual hecho histórico bautizaron un hijo como Guillermo, Dante, Lenin o José, e incluso Buffalo, en homenaje al conocido Bill cuyo verdadero patronímico fue William Frederick Cody.

No hay que confundir con algunos curiosos nombres muy en boga en nuestra brillante modernidad, entre los cuales llaman la atención Brayan, transcripción fonética –como se oye– del nombre de origen céltico Brian, y el no menos ocurrente Jelmi, inspirado por el muy británico llamado en pos de socorro Help me.

Los genitores suelen recurrir más bien a la fascinación que les provoca la vida pasión y muerte de lo que tienen por meritorios próceres cuyo ejemplo les sirve de brújula, sextante, astrolabio y guía.

De modo que no debe sorprender que –en razón de convergencias políticas, odios compartidos, adoraciones religiosas o sueñitos........

© Aporrea