Soltera en la ciudad de la furia y la generación adolescente
“14A, 14A, ¿quién es el 14B? Por acá el 14A”, grita a todo pulmón mi amiga R. “Toma, Niyireé, tú lo necesitas. La idea es que encuentres a tu media naranja con este papel; el 14B, luego van a la barra, les regalan un trago y conversan. Quién quita y está el amor de tu vida, ese que quieres que te cargue”, y suelta una risotada. Mientras me entrega un papel con el número exacto que acaba de proferir entre alaridos (14A), y que viene acompañado de una frase súper cursi sobre el amor, nos reímos entre nosotras. Se supone que ese es el juego de San Valentín del local en el que estamos, un preciso 14 de febrero donde celebramos el cumpleaños de una querida amiga. Entre festejos y risas nos damos cuenta de que los 30 nos han llegado, menos a la cumpleañera, vale la pena decir. Justo en ese instante siento que alguien me toca el hombro. Yo estoy de espaldas, pero el extraño me dice: “Yo soy el 14B, vamos por nuestro trago”. En ese momento me doy la vuelta emocionada, mi corazón se sobresalta. “¿Tendrá razón R. y, cual novela de amor, consigo al tipo de mi vida?”. En lo que termino de girar, un sonriente, carismático y joven adolescente me dice: “Hola”. Las chicas a mi lado se destortillan de la risa. Y yo le suelto al 14B un contundente y sorpresivo: “¿Qué edad tienes? ¿Puedes beber?”. “19”, me responde, para quedar vetado por siempre de la lista de posibles candidatos.
Un viernes en Caracas, mis amigas y yo estamos de........
