Como Madonna
Dicen los expertos en semiótica que Rosalía lo que hace es resignificar el uso de la iconografía católica. Puede porque otros, otras, antes, le vaciaron el contenido. Pero, ¿desde la polémica? ¿Hay acaso otra manera?
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María José Fuenteálamo
En 1984, Madonna publicó su 'Like a Virgin'. La canción que daba título al álbum no tenía nada que ver con la religión. Hacía referencia al viejo mandato (sobre todo para ellas) de nada de sexo antes del matrimonio. Para quien crea que el Toy ... Boy es una invención de las 'millennials', busquen su actuación en los MTV Awards de ese año. La emperatriz del pop se hizo un cinturón –¿anticastidad?– con el concepto. ¿Polémica? Nada con lo que iba a venir. 1989. 'Like a Prayer'. El tema la aupó al número 1, pero la Iglesia se mostró más que ofendida porque mezclaba un subidísimo tono sexual con la estética y el escenario religioso. Me acuerdo de ella cada vez que hablamos de Rosalía y su absorción cultural de la iconografía religiosa. Pero Rosalía lo hace desde el respeto, dicen. Ella desliza tales elementos en su música desde la comodidad. Pero para eso, alguien antes tuvo que despojarlos de su incompatibilidad.
La 'ambición rubia' lo hizo. A lo largo de su carrera, la reivindicación de la libertad sexual y la exhibición del deseo han sido dos de sus banderas. La provocación, su artillería. Criada en un ambiente católico –su nombre, por cierto, es real, se llama Madonna–, en 2006, en su gira Confessions Tour, la reina del pop apareció crucificada en un juego de luces de neón. De nuevo, polémica. En 2011, Lady Gaga simuló una crucifixión en su vídeo 'Judas', sobre la figura de María Magdalena y el amor tóxico. Como Madonna. Consta que a la Iglesia no le encajó tampoco la puesta en escena de Lady Gaga.
A Madonna, como a Lady Gaga, cada polémica –¿hay mejor marketing?– la hizo más grande. Pero, a la vez, fue la que recibió los palos. Ella puso el espinazo y, con ello, allanó el terreno.
Como en las familias, para que el hijo pequeño disfrute de más libertad, el mayor ha tenido que pelearse, y mucho, con los padres. Enarbolarse la etiqueta de rebelde y sudar bastante más que los que vinieron después a recoger los frutos.
Dicen los expertos en semiótica que Rosalía lo que hace es resignificar el uso de la iconografía católica. Puede porque otros, otras, antes, les vaciaron el contenido. Pero, ¿desde la polémica? ¿Hay acaso otra manera?
La evolución, o revolución, del uso cultural de la iconografía religiosa en Occidente ha permitido que Rosalía se mostrara, sin mayor controversia, en la portada de su disco 'El mal querer' (2018) como una Virgen. La luz celestial, qué cosas, le emana un poco más abajo del ombligo. ¿Como Madonna? No, a esto lo llaman 'catholic chic'. Y es un uso, nos aseguran, más respetuoso. Sin confrontación, sátira, ni crítica. De ahí que se perdone la apropiación estética. En el fondo es como más 'woke'. O más 'light' o más dulce o más cursi. Pero solo a ratos. Dice un verso de Rosalía en su tema 'Hentai': «Lo segundo es chingarte, lo primero es Dios».
Madonna ha aparecido en el festival de Coachella a sus sesenta y pico, anunciando nuevo disco junto a Sabrina Carpenter. Vestía el mismo corsé que hace 20 años cuando presentó su 'Confessions on a dance floor'. Botas altas, liguero y chaqueta de Gucci, se despidió del público cantando 'Like a Prayer'.
Con bailarines caracterizados de seminaristas. Supongo que al bajarse del escenario alguien le explicó que tal escenografía ya no tiene nada de rompedora, que ha sido más que asimilada por la cultura 'mainstream'. Que lo que antes era provocación ahora es lenguaje. Que su tensión hoy es ornamento. No para quitarle la ilusión, sino para reconocerla y consagrarla como lo que fue. La tantas veces vilipendiada profeta icónica de una cultura en la que el uso de la estética religiosa ya no ofende (ni sorprende).
