Zweig y el mundo de mañana
Zweig y el mundo de mañana
El liderazgo financiero constituye hoy una palanca geopolítica tan decisiva como la superioridad militar o la hegemonía tecnológica
Todas las sociedades viven en tránsito permanente entre un pasado que conforma su memoria y un futuro que inspira su evolución. Este movimiento no es lineal: está lleno de tensión e incertidumbre, especialmente en esos momentos de la historia en que lo viejo está muriendo y lo nuevo no acaba de nacer, en feliz y repetida frase de Gramsci. Nuestra sociedad atraviesa un tiempo gramsciano: valores e instituciones que parecían invulnerables se difuminan ante nuestros ojos, los planes de futuro se convierten en objeto de disputa y surgen preguntas incómodas que, sin embargo, estamos llamados a responder con creatividad: ¿qué herencias debemos conservar y cuáles descartar? ¿Qué objetivos merecen compromiso y qué expectativas debemos rechazar? ¿Cuáles son las fuentes del bienestar social y cuáles las de su decadencia? Estas preguntas nos acucian hoy, enmarcados en un contexto geopolítico tan indescifrable. Debemos resignarnos a admitir que asistimos en nuestros días al fin del multilateralismo tal y como lo conocíamos, a la pérdida de peso de las instituciones internacionales, a la dilución de las agendas globales y el regreso a un modelo de esferas de influencia. Mientras EE.UU. y China parecen repartirse el mundo en un contexto de competencia por la hegemonía tecnológica, y Rusia desafía el orden continental con su agresiva política exterior, Europa se enfrenta a una soledad desconocida desde el comienzo de la II Guerra Mundial.
No tenemos otra opción: el Viejo Continente debe volver a hablar en el lenguaje del poder. Esta frase encierra un reto cuya magnitud, por sí sola, nos intimida y empequeñece. Pero es la tarea (bautizada en........
