Del agobio a la euforia prematura
Del agobio a la euforia prematura
El pacto del PP con Vox puede ser tan ineludible como inmanejable. Una cosa es aceptar el mal menor y otra autoengañarse
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Estaban los dirigentes del PP tan agobiados con el ascenso de Vox que ahora andan por ahí derramando suspiros de alivio. Les ha faltado recibir a Mañueco en Génova con un pasillo de esos que en el fútbol se hacen a los equipos que ... acaban de conquistar un título. Mañueco el salvador, Mañueco el héroe, Mañueco el grande, Mañueco el magnífico; quién hubiera dicho que lo miraban con una mezcla de suspicacia y condescendencia hasta antier mismo. En la euforia incluso se les ha olvidado que subir, lo que se dice subir, Vox ha subido, pero ya se sabe que el manejo de las expectativas es el talón de Aquiles de cualquier político. Y Abascal se había puesto demasiado gallito, demasiado flamenco para que no le pasen la factura de ese tropiezo relativo.
Una factura rara porque de repente son los populares quienes le franquean de par en par la entrada que le cerró Feijóo en su vibrante discurso del último congreso. El único prudente es el propio Mañueco, que habla con el recelo del que ya ha compartido responsabilidades de gobierno y sabe que estos socios potenciales no son como los 'amateurs' de Podemos, que iban a asaltar el cielo y a la primera de cambio se entregaron a Sánchez para iniciar un vertiginoso proceso de desclasamiento. Al presidente castellano, que fue el primero en formar coalición con ellos, le salieron las cosas bastante mejor cuando se retiraron del Ejecutivo rompiendo el acuerdo, y a todos sus colegas también aunque no sea éste el momento de reconocerlo.
El primer partido de la derecha ha superado el domingo el error de no haberse atrevido a marcar diferencias, una táctica abandonada desde que María Guardiola fracasó al aplicarla con tono abrupto en la autonomía extremeña. Al final se ha demostrado en las elecciones castellano-leonesas que podía merecer la pena. Los votos de Vox han de ser respetados y tenidos en cuenta porque son tan legítimos como los de cualquiera, pero una vez emitidos y en la correspondiente proporción aritmética. Antes hay que porfiarlos, y no tenía sentido el descarte unilateral de la confrontación directa por miedo a unas consecuencias que se han producido de todas maneras. Las campañas están para disputarse el favor de los electores pueblo por pueblo, calle por calle y puerta por puerta.
Solventada esa cuestión, se ha extendido en la cúpula pepera la idea de que gobernar en cohabitación con los 'abascales' favorecerá su desgaste. Más bien parece un desiderátum, una esperanza falta de contraste. Vox es una formación sólida, con la estrategia muy clara y el respaldo de un importante sector de ciudadanos a los que ha seducido con propuestas populistas en buena parte inaplicables. Y será el PP el que tenga que aviárselas para explicar que esas medidas no pueden implementarse, cargando con la consiguiente frustración de los votantes. Esos pactos en ciernes van a resultar tan ineludibles como inmanejables y el sentido de su desenlace no lo puede garantizar nadie. Una cosa es entender que no hay más remedio y otra autoengañarse.
Alfonso Fernández Mañueco
