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¿Por qué en español es ‘Ormuz’ y no ‘Hormuz’?

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En estos días en que vivimos pendientes del cierre o apertura del estrecho de Ormuz, por lo que afecta a nuestro bolsillo y al futuro y presente de miles de vidas humanas, el que más y el que menos habrá buscado en la red dónde está ese dichoso estrecho. Entonces, quizá se haya percatado de que mientras en español se escribe “Ormuz”, en inglés lleva hache.

Este mínimo detalle no es una cuestión exclusivamente ortográfica, y está relacionado con cientos de años de historia, estudios toponímicos y lingüísticos, por lo que vale la pena bucear un poco en la historia y en la lingüística para comprender el porqué.

Su nombre original es persa o farsi, هرمز (Hormoz), y se empleaba sobre todo para denominar a una isla y a un reino entero situado en el golfo Pérsico. El reino de Ormuz fue creado por los príncipes árabes sobre el siglo X, más tarde pasó a poder de Persia, y a principio del siglo XVI los portugueses tomaron la plaza y la mantuvieron hasta 1622. Ese año, ya bajo soberanía del rey Felipe IV de España, los persas –ayudados por los ingleses– retomaron el control del reino y de todo el estrecho.

Durante todo ese periodo, las noticias que llegaban a la Península desde esta zona del mundo las traían los lusitanos y castellanos que integraban la Monarquía Hispánica (1580-1640). Los mapas y los escritos de la época emplearon con más frecuencia la forma sin hache, “Ormuz”, y desde entonces es tradición que, en español, portugués, catalán o francés, se utilice esta forma, aunque en los dos últimos idiomas se acepta como apropiada también la grafía Hormuz.

En cambio, en los idiomas germánicos, inglés, alemán, sueco, noruego, neerlandés, etc., la forma recomendada es con hache. Aunque en mapas antiguos ingleses es corriente encontrarlo escrito sin esa letra.

En el Diccionario Panhispánico de Dudas aparece cómo se tiene que utilizar este topónimo en español panhispánico:

“Forma tradicional española del nombre de este estrecho situado en el golfo Pérsico. No debe usarse en español la grafía ‘Hormuz’, empleada en otras lenguas como el inglés”.

“Forma tradicional española del nombre de este estrecho situado en el golfo Pérsico. No debe usarse en español la grafía ‘Hormuz’, empleada en otras lenguas como el inglés”.

Topónimos: más que palabras

Los nombres que identifican los territorios son palabras cargadas de información extralingüística. Establecer las normas sobre el uso de estos nombres de lugares es necesario debido a la cambiante realidad geopolítica, la influencia de los medios de comunicación y la globalización.

Sus cambios constantes harían muy complicada la comunicación, por eso las academias de la lengua española (ASALE, formada por 23 corporaciones de América, España, Filipinas y Guinea Ecuatorial) establecen criterios para la hispanización de los topónimos que no estén escritos en español, con su traducción y adaptación, de acuerdo con las normas ortográficas de nuestro idioma.

Por ejemplo, se recomienda usar en español nombres como Ciudad del Cabo (en lugar de Cape Town), o Nueva York (en lugar de New York). En cambio se aceptan algunas grafías no adaptadas pero asentadas en el uso (Washington, Copenhague). Se reconocen los cambios oficiales, sin renunciar a las formas tradicionales si existen, que siempre tendrán preferencia (Calcuta, no Kolkata, Moldavia, no Moldova).

Si se produce un verdadero cambio de nombre y no una reividicación de las formas locales de este, es decir, si el cambio de nombre no representa únicamente reforzar el mismo término con grafía vernácula, se recomienda el uso del nuevo topónimo (Burkina Faso, que sustituye al antiguo Alto Volta, Sri Lanka en lugar de Ceilán).

¿Qué pasó con la h de Ormuz?

Ormuz, al ser un vocablo tradicional y plenamente asentado en el uso por preferencia de los hablantes, se integra en el primer criterio y no debe variar su grafía histórica, que es sin hache.

Esta letra representaba originariamente en la lengua latina un fonema aspirado que pronto desapareció, aunque se mantuvo en nuestro sistema ortográfico sin sonido, con la excepción de la aspiración en determinadas voces de origen extranjero, como hámster o dírham, y que en algunas zonas españolas y americanas se registra como rasgo dialectal.

Curiosamente, aunque durante los siglos XVI y XVII su grafía era siempre sin hache, se alternaba Ormus con Ormuz. A lo largo de estas centurias la ortografía no se había fijado aún. Esto se regularizó más tarde aceptándose exclusivamente la forma actual.

Palabras de origen persa

Existen en el español otras palabras de origen persa perfectamente asentadas que han tenido historias diferentes. Algunas se conocen desde antiguo ya que fueron introducidas a través del árabe (“alfajor”, “alquequenje”, “auge”, “bazar”, “diván”, “espinaca”), o a partir de otras lenguas que lo tomaron del persa (por ejemplo, “farsi” y “pijama”, que llegaron al español a partir del inglés, y este las tomó del persa; o “lila”, procedente del francés, que lo adoptó de la misma lengua).

En el tránsito de algunos de estos vocablos desde su origen hasta su llegada al español, el persa fue en ocasiones un intermediario: por ejemplo, “naranja” procede el árabe hispánico naranga, y este del árabe, quien lo tomó del persa, que a su vez lo recogió del sánscrito.

Otros términos persas se han hecho populares en los últimos años, desde la mitad del siglo XX, y se han ido incorporando a los diccionarios progresivamente. Algunos ejemplos de estos son “ayatolá”, una de las más altas autoridades religiosas entre los chiítas islámicos, y “sah”, rey de Persia o del Irán, añadidos al diccionario de la lengua española en 1992. La voz “chador” (velo con que las mujeres musulmanas se cubren la cabeza y parte del rostro) se incluyó en 2001.

Términos persas de actualidad

Al igual que ocurre con Ormuz, la actualidad está haciendo que hablemos de otros topónimos persas. Muchos de ellos ya eran conocidos y tenían formas tradicionales, como “Isfahán”, conocida históricamente como “Ispahán”, pero que en los medios de comunicación aparece de manera más similar a la pronunciación persa de اصفهان (Esfahān). En este caso, la forma tradicional española está siendo desplazada por la primera, ambas con la aspiración etimológica de la h. En cambio, en otro topónimo persa, “Teherán”, no la aspiramos.

Como podemos ver, la evolución de los topónimos extranjeros depende de que exista una tradición creada por el uso continuado de una determinada forma en los textos. En el caso de Ormuz, los portugueses iniciaron esa costumbre de escribir el topónimo sin hache y se mantuvo durante siglos en español, de ahí su preferencia. En otros casos en que no existe una forma tradicional tan asentada, la aceptación de un topónimo depende en mayor medida de las coyunturas históricas y políticas.

La h del término persa Hormoz no ha sido adoptada en los mapas o textos desde el siglo XVI hasta la actualidad, como sí se incorporó en Teherán o Ispahán, aunque una se pronuncia aspirada y la otra sea muda. Pese a las excepciones, las normas ortográficas para los topónimos en el siglo XXI están claras y es importante emplearlas correctamente para la cohesión del español panhispánico.


© The Conversation