La internacional del odio: Trump, Netanyahu, Milei, Abascal, Feijóo y Ayuso — Los rostros locales de un proyecto global
Hay quienes se sorprenden. Hay quienes fingen sorprenderse. Y hay quienes llevamos años avisando de lo que estaba pasando mientras la socialdemocracia miraba para otro lado, ocupada en gestionar el sistema en lugar de transformarlo. Lo que tenemos delante no es una coincidencia histórica ni una moda pasajera: es un proyecto político coordinado, financiado y perfectamente consciente de sí mismo. Lo llaman «la nueva derecha». Yo lo llamo por su nombre: fascismo del siglo XXI.
Nada nuevo bajo el sol. Los poderes económicos, una vez más, apoyan a la ultraderecha y al neofascismo, igual que en su momento apoyaron al fascismo histórico. Y mientras tanto, la socialdemocracia vuelve a traicionar a la clase trabajadora, mirando hacia otro lado, ocupada en su gestión presupuestaria y en sus cumbres de foto y sonrisa. Así fue en los años treinta. Así es ahora.
Hablemos, pues, de los protagonistas. Sin eufemismos. Sin el lenguaje aséptico de los grandes medios que cobran por normalizar lo que debería horrorizar.
DONALD TRUMP: EL FASCISMO CON CORBATA DORADA.
Donald Trump no es un fenómeno. Es una consecuencia. Es lo que ocurre cuando un sistema capitalista en crisis necesita un matón en el poder para defender los intereses de los de arriba mientras convence a los de abajo de que sus enemigos son los migrantes, los negros, las mujeres que abortan o los trabajadores sindicados. El fascismo histórico también necesitó chivos expiatorios. Cambia el acento, cambian los nombres: la lógica es idéntica.
Trump es el líder de la ultraderecha mundial, el referente al que miran todos los demás con admiración servil. Gobierna el país militarmente más poderoso del planeta con la agenda de la patronal más rapaz y el discurso del tabernero más racista. Ha convertido la xenofobia en política de Estado, el negacionismo climático en el programa de gobierno y el desprecio a los organismos internacionales en bandera del soberanismo imperial. Porque eso es lo que es el trumpismo: imperialismo con purpurina populista.
La clase trabajadora norteamericana que votó a Trump votó contra sus propios intereses. No lo digo con desprecio: lo digo con la tristeza de quien entiende que el fascismo siempre ha sabido explotar la desesperación de lo que el sistema abandonó. Pero la desesperación no es excusa para el apoyo a quien viene a apretar más las cadenas con otra mano.
BENJAMÍN NETANYAHU: EL GENOCIDIO CON AVAL OCCIDENTAL
Netanyahu no es un estadista. Netanyahu es un criminal de guerra con escolta diplomático. Lo que el Estado de Israel ejecuta sobre el pueblo palestino en Gaza, en Cisjordania, en el Líbano, no tiene otro nombre posible: es un genocidio. Y decirlo no es antisemitismo, por mucho que los voceros del poder repitan ese mantra para........
