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Nadie gana… pero alguien ya empezó a perder

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17.04.2026

No es un empate. Es un desgaste desigual. Y cuando el desgaste deja de ser simétrico, el resultado deja de ser incierto… y empieza a inclinarse, aunque todavía nadie quiera reconocerlo. Si hubiera que poner hoy un marcador —frío, provisional, sin concesiones— la lectura es incómoda: Estados Unidos está perdiendo más de lo que avanza. No porque haya una derrota formal ni un colapso inmediato, sino por acumulación de costos: millones y millones gastados, presión sostenida sin resolución clara, desgaste político interno, ruido estratégico externo, y una narrativa que cada vez requiere más esfuerzo para sostenerse.

Mucho movimiento… para resultados que no terminan de consolidarse. En ese contexto, Donald Trump ya no aparece como conductor de un orden, sino como generador de fricción. Su lógica de saturación —más discurso, más gesto, más confrontación— funcionó mientras el sistema respondía de forma predecible; hoy dispersa más de lo que ordena. El caso del estrecho de Ormuz lo exhibe sin matices: se habló de bloqueo, se insinuó control, se proyectó interdicción como si fuera un hecho consumado, pero en la práctica el tránsito no se detuvo como se proclamó, actores clave siguieron operando sin alinearse y lo que emergió fue una supervisión difusa, sin mando claro, sin control indiscutible. Se restringe, pero no del todo; se permite, pero no abiertamente; se condiciona, pero sin reglas transparentes. Los buques iraníes enfrentan límites, sí, pero desde puertos iraníes siguen moviéndose embarcaciones de múltiples banderas. Eso no es dominio: es ambigüedad........

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