Lo de Zapatero, una hipótesis embrionaria
Quiero ser claro desde el principio: la hipótesis que voy a formular sobre "lo de Zapatero" está en una fase aún embrionaria. Me reservo el derecho a cambiarla o descartarla en el futuro. Además, está formulada a partir de lo que podríamos bautizar como Nueva Escuela de Razonamiento UCO/UDEF, cuya principal aportación a la investigación judicial es la mezcla en un totum revolutum de hechos, indicios, inferencias y sospechas.
Es cierto que, para la elaboración de la hipótesis, no he contado con ayuda alguna de agentes al servicio de la Administración Trump, pero en todo lo demás creo que he sido fiel a la lógica de la Nueva Escuela.
Me van a permitir también que siga la estructura del auto de imputación de Zapatero, donde primero se ofrece la conclusión, y luego ya se detallan los hechos, indicios y razonamientos jurídicos. A priori, un spoiler así podría desanimar a seguir con la lectura, pero confío en que una hipótesis atractiva se imponga a la torpeza de desvelar el desenlace.
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Mi hipótesis embrionaria es la siguiente: los investigadores tenían claros indicios de la comisión de un delito fiscal por parte de Zapatero, que no es poco, pero que a la vez planteaba un pequeño inconveniente. ¿Cómo vas a vender mediáticamente como el escándalo del siglo un delito fiscal de Zapatero cuando tienes al novio de Ayuso como lo tienes? Con más dinero presuntamente defraudado, con una instrucción judicial a ritmo de tortuga cansada, con el PP exigiendo desde hace dos años que circulemos, que ahí no hay nada que ver. Complicado.
Pero el escenario cambiaba radicalmente si en "lo de Zapatero" se añadían dos conceptos: tráfico de influencias y Dubái. Eso ya superaba todo lo aceptable por cualquier ciudadano decente: un expresidente presionando a funcionarios para que adopten resoluciones que lo enriquecen a él y a sus amigotes, y que encima monta empresas en paraísos fiscales para cobrar las mordidas.
La jugada era maestra por otro motivo. Si en algún lugar puede haber pruebas de que Zapatero realizó tráfico de influencias o participó en una sociedad en Dubái es en las comunicaciones de su secretaria. Pero claro, ¿cómo justificar las entradas, registros y clonaciones de correos y móviles si la única acusación es la de delito fiscal? Llevaba un juez cinco meses esperando a pedir los movimientos bancarios del novio de Ayuso, no fuese a ser demasiada la molestia para el ciudadano particular, ¿y va otro magistrado y entra como elefante en cacharrería en despachos y sociedades de un expresidente? Complicado, nuevamente. Pero nadie pondría el grito en el cielo si esa actuación se........
