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La prostitución no es trabajo: un imperativo feminista y democrático

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17.04.2026

No puede existir verdadera libertad sin igualdad. Cuando la libertad se invoca en contextos de profunda desigualdad, deja de ser un derecho para convertirse en un privilegio. Como han señalado pensadoras feministas: “la libertad sin igualdad es elitismo”. Desde esta premisa, resulta evidente que la prostitución es incompatible con la democracia. Lejos de constituir una elección individual o una forma legítima de trabajo, perpetúa la subordinación de las mujeres y vulnera los principios democráticos de dignidad y justicia social.

La prostitución y la pornografía conforman las dos caras de una misma moneda: la industria de la explotación sexual. Mientras la pornografía actúa como la pedagogía que normaliza la dominación masculina, la prostitución representa su materialización. Ambas prácticas se retroalimentan y consolidan un sistema que legitima el acceso masculino a las mujeres mediante el pago. No deberíamos referirnos a estas prácticas como “sexo”, sino como violencia sexual. Conceptos como “sexo con menores” o “sexo no consentido” encubren realidades que deben llamarse por su nombre: abuso sexual, violación o explotación.

La investigadora Mónica Alario describe la pornografía como el “brazo armado del patriarcado”. Además, esta industria ha sofisticado sus mecanismos de captación y legitimación social, transitando de las prácticas coercitivas a las de consentimiento, donde la apariencia de “la libre........

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