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De luto

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31.10.2026

Habrá de levantarse en otra primavera esta España doliente. Volverán los días de la luz y la esperanza entre los vivos. Y habrá tiempo para el recuerdo alegre de los mártires.

Las sombras de una vela danzan en el escritorio, la penumbra ha venido a traer un poco de calma en días frenéticos, y ahora que el otoño despliega su gama de ocres, la luz que nos acompaña en las tardes es esa amarillenta de las farolas, o el cielo gris rosáceo de las primeras horas de una luna. Desde la ventana, la vida sigue su curso, entre la algarabía de los niños y el paso acelerado del que llega tarde a trabajar. España enlutada es una lágrima de oro negro en un mar de vivos azules, porque la vida ha de continuar aún traspasada por la muerte, por la tragedia, por el dolor. La vida sigue igual, como en la canción, aunque todo ahora sea diferente.

En los días en que recordamos a santos y difuntos, la muerte nos ha caído como un telón presente, no como añoranza lejana, tras el hachazo en Urda. Y hay un vilo densísimo y afilado alrededor de la muerte. Ante ella somos individuos: morimos solos, se nos mueren los nuestros y los lloramos recordando cada uno de los instantes en que nuestras vidas se cruzaron, y en la soledad más interior también resolvemos el duelo, con ayuda de un reloj de arena. La muerte es de uno, de cada uno, aunque los muertos........

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