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Begoña Gómez y el 'viejo mapa' del nepotismo

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14.04.2026

Begoña Gómez y el 'viejo mapa' del nepotismo

No bastaba con el ascenso del marido; tenía que ascender también la mujer, y ascendió.

Lo mejor de los autos del juez Peinado son las reacciones que provoca. Más histéricas que históricas, porque históricas, poco. Y eso que el caso de Begoña Gómez es, en cierto modo, histórico. Lo es por ser la única esposa de un presidente del Gobierno que ha sido objeto de una investigación judicial y va a ser procesada, y porque su caso trata de unas conductas que retrotraen a épocas históricas donde los familiares de los que tenían poder sacaban buen provecho de su posición, aunque es más realista hablar en presente. Nada indica que ese tipo de conductas hayan desaparecido. La diferencia con aquel pasado remoto es que ahora no siempre quedan ocultas ni impunes. Los instrumentos para que salgan a la luz y sean sancionadas se encuentran disponibles. La ley está ahí. A pesar de lo cual, sigue siendo necesario hacer acopio de valor para abrir una investigación judicial a figuras que están en la cúspide del poder o justo al lado, como la pareja de un jefe de Gobierno.

Del juez Peinado se han dicho tantas y tales cosas, que la reacción a su último auto resulta casi inofensiva. Se le ha presentado como ariete de una conspiración contra el Gobierno que, de alguna manera, reúne a miembros del poder judicial y del partido de la oposición, y como un títere de la ultraderecha, pero también se le ha retratado como un inepto, que no es capaz de hacer una instrucción, y como un loco. No es muy coherente tacharlo de conspirador y, al mismo tiempo, de inútil, pero que haya una contradicción nuclear entre las historias infamantes, no preocupa a los que ponen en marcha la máquina —del fango, Sánchez dixit—, sean ministros o correveidiles. Para desprestigiar a una persona y desacreditar lo que está haciendo, la acumulación caótica funciona. No se apela a la racionalidad: se quiere desactivarla. Cuanto más estrafalario e increíble sea lo que se cuenta, más penetra y más efecto duradero tiene. Esa gente sabe lo que hace. Lo ha hecho un millón de veces.

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El auto del procesamiento ha llegado cuando Gómez y Sánchez estaban en China, en viaje oficial, una coincidencia que ha dado para airear nuevamente la conspiración. "No es casual", dice Moncloa. Tampoco es casual que una Universidad ponga en marcha una cátedra para la mujer del presidente. No es casual que la patrocinen grandes empresas españolas. No lo es que otras empresas pongan recursos de software a su disposición. Nada de esto puede ser fruto de la casualidad cuando la beneficiaria es la mujer de un jefe de Gobierno y cuando hablamos de una persona que desempeña un trabajo normalito, sin glamour, hasta que su marido asciende. Se dijo entonces que iba a dejar aquel empleo común y corriente por un posible conflicto de interés, pero a la vista de la trayectoria, se colige que lo dejó porque no tenía categoría suficiente para una 'primera dama'. No bastaba con el ascenso del marido; tenía que ascender también la mujer, y ascendió.

En China, Sánchez habló de multipolaridad, algo que no ha existido ni existirá, y de que el mundo ya no cabe en los viejos mapas, metáfora. Su mundo político sí cabe. Cabe en el viejo y longevo mapa del nepotismo y la corrupción.


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