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Nadal, hasta el límite y más allá

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02.06.2026

Nadal, hasta el límite y más allá

Mi pasión por Rafa siempre fue como su forma de jugar: volcánica, desbocada, a tumba abierta. Nunca me ha interesado ningún deportista que no sea él.

¿Dónde estabas cuándo se estrellaron los aviones contra las Torres Gemelas, cuando Tejero entró pegando tiros en el Congreso, cuando cayó el Muro de Berlín? Hay acontecimientos tan extraordinarios que sirven para dividir en capítulos el desorden de nuestras vidas. Yo, por ejemplo, sé dónde estaba cuando Rafa Nadal ganó y perdió cada uno de sus títulos, porque esas victorias y derrotas no solo jalonan su biografía, sino también la mía.

Mi pasión por Rafa siempre fue como su forma de jugar: volcánica, desbocada, a tumba abierta. Nunca me ha interesado ningún deportista que no sea Nadal. Por eso, mientras que los forofos del fútbol lo son toda la vida, mi afición al tenis siempre tuvo fecha de caducidad: el día en que Rafa dejase de jugar.

Era ver a Nadal en la pista y sentir cómo mi corazón latía a tantas revoluciones como las que él le imprimía a la bola con el toque liftado que siempre fue su sello de la casa (recuerdo una ragazza bellísima, entre el público del Masters de Roma, que agitaba una pancarta que decía: "Da Verona in motorino per vedere il tuo top spin").

Como sucede con los héroes, el poder de sus rivales agiganta su leyenda. Pensemos en lo extraordinario que resulta que hayan coincidido en el tiempo el mejor jugador de la historia sobre hierba (Federer), el mejor sobre cemento (Djokovic) y el mejor sobre tierra batida (Nadal). ¿Cuántos títulos habría ganado cada uno de ellos de no haber existido los otros? ¿Cuántos Grand Slams tendría Rafa si dos de los cuatro grandes del circuito se disputasen en tierra batida y no únicamente uno? ¿Cuántos Masters 1000 si fuesen seis y no tres los que se jugasen en esta superficie?

Lo más fascinante de Nadal es que su........

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