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Amor, poesía y política en Idea Vilariño

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Idea Vilariño

Diario de juventud

Edición, estudios preliminares y notas de Ana Inés Larre Borges y Alicia Torres

Montevideo, Cal y Canto, 2013, 490 pp.

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Poemas de amor

Prólogo de Milagros Abalo

Santiago, Ediciones Universidad Diego Portales, 2015, 100 pp.

Aunque tuvo una hermana llamada Poema (hijas de un respetable anarquista uruguayo que llamó al resto de sus hijos e hijas Numen, Azul y Alma), Idea Vilariño (Montevideo, 1920-2009), habiendo estudiado para violinista, fue la única poeta de la familia, además de encuadernadora aficionada.

Su celebrada discreción no le impidió convertirse en una mujer representativa del espíritu de su época, presidida por el ánimo civilizatorio de los hermanos Vaz Ferreira. Pero la arquetípica hija de la clase media ilustrada uruguaya, en los años sesenta, decidió contribuir a la destrucción de esa democracia, escribiendo canciones de éxito para el público universitario de la guerrilla tupamara; su poesía, ciertamente más amorosa que erótica, escandalizó a la izquierda, y su relación con Juan Carlos Onetti (1909-1994) es una de las grandes leyendas literarias del Uruguay, sin convertir a Vilariño –en un país de escritoras ferozmente independientes– en un apéndice biográfico del novelista.

En mi experiencia, salvo excepciones geniales como la de Kafka, los diarios de juventud son una lectura previsible y no pocas veces aburrida. Todos somos la misma persona en nuestra apetencia por ser escritores y el repertorio común de ambiciones, desesperanzas y deslumbramientos es bastante similar, trátese de Stendhal o de Anaïs Nin. Cuando la madurez, como es lógico, se va filtrando en esa escritura íntima que siempre está destinada a la publicación –aunque sea póstuma y más aún tratándose de una persona rodeada de cultura desde la infancia como Vilariño– esos diarios, como la vida misma, se van singularizando y vemos nacer a un verdadero autor. Vilariño destaca, justamente por el medio liberal y republicano donde creció, por haber contado desde un principio con la indispensable “habitación propia” reivindicada por Virginia Woolf en su ensayo de 1929. Desde aquel altillo rememorado en 1977, en el repaso que abre el Diario de juventud, Vilariño se convierte en una diarista de toda la vida, condición que las prologuistas atribuyen sobre todo a los solterones o a quienes se casan tarde (Stendhal, Delacroix, Amiel, Kafka, Kierkegaard, Constant, Gide). Entre las mujeres, Vilariño –como su ejemplo, la diarista rusa Marie Bashkirtseff– nunca se casó.

Páginas y páginas entre las primeras del Diario de juventud están repletas de las necesarias banalidades de la vida juvenil, aunque la poeta aparece precozmente al ver “a mi madre desnuda, boca abajo, apenas cubierta por un tapado de piel, en la habitación, que el sol ya bañaba”.

((Idea Vilariño, Diario de juventud, p. 63.
 
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 Pese al anarquismo del padre, su católica madre consintió en que sus hijos pudieran elegir, cuando tuvieran uso de razón, entre la religión y el agnosticismo. Eso no impidió que fuesen escuchas de las historias de milagros y fantasmas que proporcionaba la servidumbre, misma que los enseñó a rezar, reclinatorio que los hijos pronto abandonaron por la rica oferta de literatura infantil y juvenil editada por Calleja, con Edmundo d’Amicis como lectura de transición entre la infancia y la adolescencia. De principio a fin, la educación musical que recibió Vilariño, incluso antes de que la consagrasen al violín, es impresionante y muchas de las entradas del diario están dedicadas a una pieza y a una composición con su número de opus, lo........

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