Emprender en la Amazonía: la otra política que necesitamos
Todo lo que necesita saber sobre el poder, la deforestación y la biodiversidad en la región amazónica está en la Silla Amazonía.
Hace unas semanas extendimos una oferta laboral a una joven caqueteña que había obtenido la mejor calificación en el proceso de selección que adelantábamos en Amazonía Emprende. Cuando decidió declinar el empleo me explicó, con total franqueza, que no podía empezar en ese momento, pues estaba haciendo campaña por un candidato al Congreso. Si este resultaba elegido, tendría un puesto asegurado durante cuatro años.
En un departamento como Caquetá, donde las empresas que reconoce la gente son las queseras y los proveedores de insumos agrícolas, una organización dedicada a la restauración y conservación de los ecosistemas amazónicos puede parecer un bicho raro. Probablemente también una apuesta incierta para una joven profesional que apenas está comenzando su carrera.
Tal vez por eso, cada vez que se acercan las elecciones y vuelvo a encontrarme con situaciones como esta, no puedo evitar pensar en lo distinto que sería el panorama si los candidatos de hoy y los líderes políticos del mañana promovieran, con políticas públicas serias, una visión empresarial de la conservación del bosque, en la que restaurar ecosistemas, proteger el agua y mantener el bosque en pie también se conviertan en una base para crear empresa, generar empleo y construir una economía amazónica más sofisticada.
Yo, que no soy emprendedora por naturaleza y terminé en este camino por un enamoramiento fulminante de los ríos color esmeralda del Caquetá, estoy convencida de que sí es posible sembrar el gusanito del emprendimiento en los jóvenes amazónicos. Por esa vía podríamos avanzar hacia la diversificación productiva que tanto necesitamos y evitar que los bosques sigan convirtiéndose en pastizales.
El valor económico de la lluvia
Un estudio reciente publicado en Communications Earth & Environment intentó cuantificar uno de los servicios ecosistémicos que presta la Amazonía: la regulación de las lluvias mediante el reciclaje de la humedad generada por el bosque.
Los investigadores estiman que cada metro cuadrado de bosque tropical aporta cerca de 240 litros de agua al año a las precipitaciones regionales, y que en el caso de la Amazonía esa contribución puede llegar a unos 300 litros por metro cuadrado. Al asignar un valor aproximado a esa lluvia utilizando como referencia el precio del agua para uso agrícola de Brasil, el estudio calcula que este servicio ecosistémico equivale a cerca de 59 dólares por hectárea al año. Al sumar ese aporte en toda la Amazonía brasileña, los autores estiman que la generación de precipitaciones asociada al bosque alcanza un valor cercano a 19.700 millones de dólares al año. El problema es que ese valor rara vez se traduce en oportunidades económicas para quienes viven en la Amazonía.
En la Amazonía colombiana los negocios verdes son la excepción y no la regla: entre 2014 y 2022 apenas el 14% de estos se ubicaban en los departamentos amazónicos, de acuerdo con un estudio del Banco Interamericano de Desarrollo. Además, más del 99% son micro y pequeñas empresas, muchas de ellas con lógicas artesanales o de supervivencia.
Lo que podemos aprender de Brasil
Mientras en Colombia los negocios verdes siguen siendo marginales, en Brasil la economía verde ya tiene un peso importante en el mercado laboral.
Un estudio reciente muestra que las actividades verdes representaban cerca del 17% del total de personas ocupadas en 2022, una proporción que se ha mantenido relativamente estable durante la última década. Aunque la economía verde aún no es mayoritaria, ya constituye un segmento relevante dentro de la estructura productiva del país. Además, estos empleos presentan mejores condiciones laborales, pues el ingreso medio de quienes trabajan en actividades verdes es superior al de los trabajadores de otros sectores.
Pero también hay una condición importante y es que estos empleos requieren mayores niveles de formación. Los trabajadores del sector verde alcanzan en promedio alrededor de 13 años de escolaridad, más que quienes se desempeñan en actividades neutras o ambientalmente sensibles. En otras palabras, la transición hacia economías más sostenibles puede generar empleos de mayor calidad, pero también exige talento capacitado.
Algunas reflexiones para cerrar
En territorios donde un empleo público o un puesto ligado a la política puede parecer la única opción estable, no sorprende que una joven talentosa prefiera apostar su tiempo a una campaña electoral antes que a una oportunidad laboral vinculada con la restauración del bosque o con la construcción de empresa en la región.
El problema, en realidad, no está tanto en la decisión que tomó como en el contexto en el que se toma. En la Amazonía todavía hay muy pocos referentes de empresas y emprendimientos que hayan logrado construir oportunidades reales alrededor de la conservación y la restauración del bosque. El sector es, por decir lo menos, incipiente. En ese vacío de ejemplos concretos, de empresas que crecen, generan empleo y demuestran que cuidar el bosque también puede ser una actividad económica viable, no resulta extraño que muchos jóvenes terminen viendo como una opción más segura apostar por una campaña política y esperar un puesto futuro.
Este fin de semana Colombia elegirá un nuevo Congreso. Ojalá quienes resulten elegidos tengan presente que el futuro de regiones como la Amazonía no depende únicamente de discursos sobre conservación, sino también de la capacidad de crear condiciones para que surjan empresas, emprendimientos y empleos sostenibles en el territorio.
Julie Hernández es cofundadora y directora ejecutiva de Amazonía Emprende. Acá pueden encontrar su LinkedIn: Julie Hernández.
