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La revolución pendiente: confiar en nosotros mismos

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18.06.2026

Durante las semanas de conflicto escuché una frase repetida una y otra vez por dirigentes campesinos: “Nosotros sufrimos más”. Decían que los medios no muestran la pobreza del campo ni la forma en que mueren sus hermanos. Era una justificación para los bloqueos y para la demanda de renuncia del presidente.

Sin embargo, detrás de esa denuncia había una ausencia inquietante: la falta de propuestas. Había una descripción del problema, pero ninguna respuesta concreta sobre cómo resolverlo. Como si el sufrimiento, por sí solo, fuera suficiente para legitimar cualquier medida.

Esa lógica no es nueva. Durante años hemos escuchado discursos que parecen partir de una premisa peligrosa: si existe pobreza, todos debemos compartirla. En lugar de pensar cómo generar riqueza para distribuir oportunidades, nos acostumbramos a discutir cómo repartir las carencias. El Estado aparece entonces como un padre proveedor que entrega recursos a las comunidades, como si la transferencia de dinero fuera suficiente para transformar la vida de las personas.

Bajo esa mirada, la propiedad comunitaria ha terminado siendo muchas veces una camisa de fuerza para la iniciativa individual. Y cuando el emprendimiento surge, suele hacerlo en la informalidad o casi en la clandestinidad. Pero surge. Ahí está el comercio alteño, los pequeños negocios familiares y miles de bolivianos que cada día desafían la adversidad para crear oportunidades donde aparentemente no existen.

Pensando en esta forma de........

© La Razón