La voz de la conciencia
En una reciente Comisión del Senado relacionada con el rescate de la compañía aérea Plus Ultra (1), a pesar de las reservas y silencios previamente anunciados por el compareciente, no pudo evitar este un gesto de asentimiento tras la concreta pregunta de un senador, referida al pago de comisiones a un conocido político: «¿Cobró por su mediación?»; «¿Cierto o falso?»
El empresario, en el fondo hombre de conciencia, no pudo evitar un gesto de respuesta, sin palabras, pero asintiendo claramente. Mahatma Gandhi diría: «la voz humana nunca puede alcanzar la distancia que está cubierta por la voz inmóvil y pequeña de la conciencia». Y Fernando Savater, apelando siempre a la libertad (2), diría: «que no es una filosofía, ni siquiera una idea: es un movimiento de la conciencia que nos lleva en ciertos momentos a pronunciar dos monosílabos: sí o no; a hacer o no hacer, lo que nos diferencia de los animales que se guían solo por su instinto». Y añade el filósofo: «este concepto de libertad comprometida se ejerce con coraje y responsabilidad». Coraje y responsabilidad que asumió el compareciente.
Imagino que en sede judicial, no parlamentaria como el caso del Senado, se tomaría este gesto de respuesta apoyado en la conciencia, como atenuante, algo no normal hoy en día, cuando la verdad se prostituye constantemente y cada día es menos frecuente encontrar a personajes públicos con la «conciencia limpia», es decir, según un conocido proverbio: «la mejor almohada para dormir, la que representa tu verdadero ser por encima de la reputación y que actúa como testigo, fiscal y juez». Porque hoy lo que impera es la mentira, el relato manipulado, la furtiva desmemoria, el escaqueo, el echarle la culpa al otro. Siempre encuentran atajos que ignoran o anestesian la propia conciencia, esta que internamente separa lo correcto de lo incorrecto, la que nos lleva a vivir con coherencia. Sócrates, ya aludiría a esta voz interna o «daimon» que le guiaba y advertía sobre qué hacer o no hacer en situaciones cruciales.
Sin necesidad de ahondar en las hemerotecas. ¿cuántas declaraciones, juicios, denuncias, mociones, se han hecho por personas, sabiendo que mentían, acallando su propia conciencia en beneficio de una directriz política, de una cultura del “todo vale”, sin importar valores, sentimientos, conductas, ni siquiera elementales normas de educación? Apoyados en la maquiavélica pasión por el poder, han amnistiado a quienes juraron no amnistiar; han liberado presos y blanqueado grupos cercanos al terrorismo, que juraron no liberar ni blanquear; han beneficiado economicamente a comunidades por puro interés político, sabiendo que rompen con el principio de solidaridad con el que están, no solo comprometidos, sino también juramentados; han prometido o jurado «guardar y hacer guardar la Constitución» cuando sin el menor rubor la ningunean.
Creo fundamental recuperar el peso de esta libertad de conciencia, especialmente entre nuestra clase política, si queremos dotar a nuestra vida pública de espacios de respeto, confianza y por supuesto de libertad. Seguramente el primer paso sería librar a diputados y senadores de la lanar obligación de votar en sede parlamentaria lo que decide su grupo. No seríamos los primeros en conceder esta libertad individual, común en democracias avanzadas. Sé que es complicado, aunque lo considero fundamental para recuperar nuestro pulso como sociedad libre. La alternativa es el hartazgo, el cabreo, la abstención; el «quemados» que desarrolla en su último libro Fernando Jáuregui, este notario extraordinario de nuestro tiempo.
En el fondo, es priorizar a la persona -y su libertad de conciencia-como derecho inalienable a defender, actuando conforme a creencias propias. Lutero fue quizás el verdadero motor de esta reivindicación moderna de los derechos de la conciencia individual, frente a toda autoridad humana. (3) Conciencia individual que puede ser educada, pero también «cauterizada» si se ignoran sus advertencias. Una especie de juicio de la razón, que dicta la moralidad del acto, indicando lo que se debe hacer o evitar. Algunos psicólogos la describen como una voz «suave y susurrante» que actúa como guía para la conducta recta. Como suave y susurrante fue la respuesta del empresario de Análisis Relevante en el Senado, cuando se enfrentaba a solas con su verdad interior, sin importarle en aquel momento las consecuencias que tendría su gesto, respecto a otros actores, algunos de gran peso político.
Por encima de todas estas consecuencias, la voz de la conciencia debería ocupar un lugar privilegiado en nuestras vidas. Todos ganaríamos.
(1) Jueves 9 de abril 2026
(2) «Ética para Amador» 1991
(3) Bertrand Russel se pregunta que ocurre realmente cuando nos remuerde la conciencia. Remonta su origen a los primeros seis años de infancia y a la educación familiar, transmitiendo unos valores que alcanzan hasta nuestra edad adulta.
Luis Alejandre Sinteses general (r). Academia de las Ciencias y las Artes Militares
