La hija cóndor
En la casa de mi infancia abundaban las verduras recién cosechadas, las gallinas y algunos pavos que los campesinos traían como agradecimiento a mi padre, un médico de la vieja escuela que ejercía su profesión con un inusual sentido del servicio y de amor al prójimo. Era un católico que no iba a misa, pero practicaba lo de ser buen cristiano sin pregonarlo.
Lector empedernido, melómano y ermitaño, nunca usó un teléfono celular o una computadora, y mientras mi madre le reclamaba por la falta de dinero y por no tener un consultorio privado, él dedicaba horas a auscultar y escuchar a quienes le confiaban su salud. No solamente hacía un examen físico, conversaba con paciencia, respeto y una calidez que hoy parece ser de un tiempo muy lejano.
Por eso, al ver La Hija Cóndor, la recién estrenada película de Alvaro Olmos, volví a sentir las sensaciones de una infancia de ciudad chica en la que mi abuela hacía sus lociones faciales con huevo, leche y miel mientras conversaba en........
