La corrupción que asfixia la legislatura
Como era de esperar, el calendario judicial de los casos de corrupción que afectan al sanchismo ha avanzado inexorablemente sin que las injerencias políticas, hablamos de las gubernamentales, hayan evitado el trabajo de los instructores ni el de los investigadores. Es un signo esperanzador que los togados encargados de esclarecer los capítulos de presuntas conductas ilegales protagonizados por los familiares y los colaboradores del presidente del Gobierno hayan logrado que los procedimientos progresaran con todas las garantías procesales con el objetivo de alcanzar la verdad judicial y depurar las responsabilidades consiguientes. Así que al arranque del primer juicio del caso Koldo, que ha sentado en el banquillo a José Luis Ábalos, Koldo García y Víctor de Aldama, núcleo duro del sanchismo, se sumó ayer que el juez Juan Carlos Peinado dictó auto de procesamiento para Begoña Gómez, la mujer del presidente del Gobierno, la que fuera su asesora contratada por La Moncloa, Cristina Álvarez, como cooperadora necesaria y el empresario Juan Carlos Barrabés, codirector de la cátedra de Transformación Digital de la mujer de Sánchez. Begoña Gómez está a un paso del banquillo por cuatro delitos: tráfico de influencias, corrupción en los negocios en el sector privado, malversación de caudales públicos y apropiación indebida. Se ha archivado un quinto por intrusismo profesional. Para el juez Peinado hay indicios suficientes sobre esos desempeños ilegales vinculados al desarrollo de la cátedra en la Universidad Complutense, sin precedentes equiparables en la democracia, con Begoña Gómez como pieza clave en la obtención de recursos privados con beneficio personal. A su juicio, la financiación del proyecto universitario «pudiera ser solo la ‘fachada’ de una retribución encubierta por futuras ventajas privadas o comerciales indebidas, relacionadas con adjudicaciones públicas ligadas al carácter de presidente del Gobierno del esposo de la investigada». Obviamente, la contundencia del auto judicial no prejuzga nada ni merma la presunción de inocencia de Begoña Gómez. Pero ha sido constatable el riguroso trabajo del instructor, que ha sido sometido a un acoso gubernamental corrosivo y a la lógica fiscalización de las instancias superiores que han avalado en líneas generales la investigación. Los nervios, casi histeria, de Moncloa han sido una constante, traducidos en las malas artes desplegadas para neutralizar a Peinado y el espurio obstruccionismo desarrollado en la causa. El cerco judicial a la corrupción que gravita en torno a Moncloa es el retrato de esta democracia decadente como aciago legado del peor presidente de la historia reciente. A estas alturas, no esperamos un gesto de responsabilidad ni de dignidad por su parte pues hace tiempo que convirtió su estancia en el poder en un muro defensivo para él y sus allegados. Solo aguardamos a que el pueblo dicte sentencia en las urnas.
